jueves, 1 de marzo de 2007

¿Por qué yo debería tener razón...


... y la ministra de Educación de la provincia de Santa Fe, no?

Debo decir que la lectura del artículo me molestó. El objetivo es que los chicos aprendan. De eso se trata, reflexiona Adriana Cantero, la ministra de Educación de Santa Fe, una de las provincias argentinas más ricas del país. Hay más de 4.700 pibes de primer grado, que serán promovidos a segundo... por decreto. Como no aprendieron, en segundo les van a poner una red de tutorías. Pero no los van a hacer repetir. Todo un mensaje. Se argumenta que repetir deja una marca muy profunda en los menores, que muchas veces incide en la escolarización más avanzada... ¿Qué tiene de malo repetir, si no se ha trabajado lo suficiente para pasar al segundo nivel? ¿Cuál es el apuro y por llegar adónde? Habría que leer La causa de los niños de Françoise Dolto. Allí la psicoanalista francesa se preguntaba, en la década pasada, qué sentido tiene nivelar a los niños escolarizados por edades y no por intereses o grados de madurez. En todo caso, ya mostraba que la escuela, hace mucho tiempo que no funciona como dispositivo de educación masiva. Está bien que el costo de la disfunción no lo paguen los niños. Pero esto es sólo en apariencia. Ellos no son responsables de no aprender, pero son los que pagan socialmente con este tipo de remedios.

Seguramente en una matrícula de semejante tamaño, habrá muchos casos en los que se imponga la realización de adecuaciones curriculares ¿Por qué entonces promover a todos? ¿Se trata acaso de gobernar para las estadísticas? Si fuera verdad que los chicos no aprendieron, qué pasó con el sistema de control de gestión, que no pudo dar aviso a tiempo e implementar una corrección? ¿A qué se dedicaron los inspectores regionales, zonales y toda la nube de funcionarios invisibles que merodean las escuelas y jamás llegan a observar una clase? Controlan solamente los libros, los registros, la planilla de asistencia... Son docentes devenidos burócratas que sirven de correa de transmisión al discurso que declama que hay que mejorar la calidad educativa... poniendo sellos en las planillas.

En todo caso la masividad del fracaso está mostrando que el problema tiene muchísimas más aristas de las que los funcionarios quieren mostrar. No son los pibes que no aprenden. Ellos apenas son el eslabón más débil de un sistema siniestro que sigue promocionando que no es necesario saber para pasar de grado.

Siguiendo este mandato, cuando terminen la primaria, con seguridad habrán entendido claramente el mensaje: ¿Para qué esforzarse? Si necesariamente hay que pasar por acá, ¿qué sentido tiene estudiar, saber algo, preguntarse cosas? Este esquema encaja perfectamente con la propuesta de la sociedad de consumo, que afuera de la escuela les facilita todo, con tal de venderles productos. El mensaje es: no hay que trabajar, hay que tener. Y después escuchamos preguntar sobre el origen de la violencia...

Cuando estos pibes ingresen a la escuela secundaria, no podrán ver más allá de lo real, no tendrán las competencias mínimas necesarias para afrontar la nueva etapa, en la que el estudio necesita volverse más intensivo, tendrán dificultades para enriquecer su mundo simbólico, se manejarán con un lenguaje reducido y ya será muy difícil torcer ese rumbo... Suena duro, pero es la lógica implacable del tallo que crece torcido. Sólo que con seres humanos, a los que se les promete ciudadanía y se los trata como consumidores.

Pues bien, yo acabo de hacer lo mismo. No es una confesión. Soy docente, no soy funcionario ni escribo las reglas. Mandé a coloquio a Cecilia, y a pesar de que no había estudiado lo suficiente, le puse el seis que necesitaba para aprobar...

¿Podía haber hecho otra cosa? No lo sé. Su hermano fue alumno mío el año pasado. Fue uno de esos chicos impermeables a la ley, con quien no pude, a lo largo de todo el año, establecer ninguna relación. Un fracaso rotundo. Lo mandé a coloquio y ni siquiera se presentó. Su padre lo sacó de la escuela y lo puso a trabajar con él, como ayudante en una gomería. Este año lo ví una vez entrar a toda velocidad en la ruta que pasa frente a la escuela, al volante de un auto pequeño y destartalado. Tiene 13 años y me recuerda siempre al Niño yuntero de Miguel Hernández:

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

A principios de la segunda etapa del año escolar, vino a verme la madre. Me dijo que Cecilia no me entendía. Que la única materia con la que tenía problemas era la mía, que en el resto andaba bien, que quería ver qué podíamos hacer... Le dí mi versión: No atiende, conversa todo el día, no estudia, no responde a ninguna consigna. Tengo 49 pibes en un aula para 35.

Poco tiempo me llevó averiguar con los otros profes, que la mamá mentía. Cecilia no andaba bien en ninguna materia... Pero por alguna razón, la señora sintió que debía hacer lo que hizo.

Esta es una de las decisiones más duras que enfrento cuando llega fin de año. Es muy difícil no dejar a los pibes en la peor posición. Para muchos padres, el fracaso escolar no hace más que confirmar su teoría de que la escuela es una pérdida de tiempo y los sacan del sistema... El sistema -demasiadas veces- se encarga de darles la razón. La disyuntiva con la que nos encontramos a menudo es ¿tenemos que empujar nosotros a los chicos hacia ese desbarranco? ¿hasta cuándo?

La imagen: el Tomi, para la tapa de La Luciérnaga.

4 comentarios:

José Luis dijo...

Esto que sorprenda, tal vez, ahora, ya fue puesto en funcionamiento durante el gobierno de Duhalde en la provincia de Buenos Aires. Se le llamó “promoción automática”. Y ha dejado huellas en la docencia que ahora, sin que esto esté vigente, hace pasar a los alumnos de primero a segundo “automáticamente”. Recuerdo esto porque considero que no es la decisión unitaria de un ministro de educación, sino un plan sistemático de deseducación que se viene perpetrando, al que la “nueva” ley de educación es totalmente funcional, más allá de los discursos que se escuchan.
Un abrazo
José Luis
“el ticher”

Sara dijo...

Me dejó anonadada tu carta, aunque como ya dije en el foro de poética no soy partidaria de la promoción automática.
Realmente ¿qué haces cuando te encuentras estas cosas? ¿te sucede muy a menudo?

¡Qué indignación!

Sara

Daniel I. Krichman dijo...

Nunca la misma cosa, Sara. Trato de buscar cómo hacer para no quedar cristalizado en el rol de brazo ejecutor, tal como en realidad nos piensa el sistema. Ellos no dan la cara. Son especialistas en invisibilizarse. La confontación con los pibes la tiene uno. Y la responsabilidad concreta, también. Yo tampoco soy partidario de la promoción automática, pero lo que se juega, muchas veces, es que el chico permanezca en la escuela o viva en medio de las sierras, aislado de todo y escuchando solamente el mandato de su familia que lo empuja a perpetuar la situación.

Carlos Rodríguez Herrera dijo...

Increible.. lo que pasa en su país no dista mucho de lo que está pasando en el mío. Los profesores ya estamos locos con esta barbaridad de las adecuaciones curriculares que no es otra cosa más que una alcahuetería….

Tilarán 05 de mayo del 2007

Estimada Señora Defensora de los Habitantes,
Lic. Lisbeth Quesada Tristán.

Estimada Sra. Defensora,

Mediante el presente correo les saludo muy respetuosamente a la vez que le comunico una inquietud y una denuncia que previamente había llevado a la Sra. Directora del Liceo Maurilio Alvarado Vargas, a la Asesora Regional de Inglés y al Colegio de Licenciados y Profesores, en contra de las nuevas políticas educativas del Ministerio de Educación Pública.
El inicio de este curso lectivo ha estado marcado para mí de muchos momentos alegres así como momentos tristes y frustrantes de muchas maneras.
Como le escribía a la señora directora, siempre empiezo con muchas ganas, lleno de sueños, proyectos e ilusiones para el nuevo año lectivo y conforme pasan las semanas mi energía se pierde al ritmo con que surgen las dificultades, los tropiezos y la realidad misma de la educación en Costa Rica, una realidad a la que no logro acostumbrarme y que conforme pasan los años me hacen sentirme cada vez más lejos de mi meta de ser un educador de excelencia profesional, un maestro de calidad en el colegio donde estudie y en la comunidad que me vio crecer.
Créame señora defensora que en mi colegio se lucha día con día por hacer las cosas bien, por dar lo mejor de cada uno de nosotros, por devolver a la comunidad mucho y más de lo que siempre nos ha dado pero a veces sentimos que la voluntad flaquea y las frustraciones afloran de diferentes maneras en todos y cada uno de mis compañeros(as) profesores.
Este año en particular tuve que renunciar a algunos grupos para ver si podía así descansar un poco después de haber enseñado noveno el año pasado y para no tener tantos niveles pues el sólo hecho de tener estudiantes de adecuación en un grupo, esto representa un nuevo nivel, diferentes planeamientos, diferentes exámenes, más tiempo para invertir o malgastar con respecto a lo que en realidad debería ser mi trabajo y mi obligación. Todo esto me crea demasiado estrés y frustración hacia este trabajo que en vez de mejorar pareciera ir en decadencia cuando veo y experimento los desaciertos de las políticas
educativas de nuestro sistema, de los métodos obsoletos y descontinuados con que trabajamos y con los escasos, por no decir inexistentes, recursos económicos y educativos con que se pretende que hagamos magia educando nuestros niños y adolescentes.
Ahora, la razón por la cual hoy quiero sentarme a escribirle está carta es porque en lo personal necesito expresarle esta angustia que me desgasta día con día y compartir con usted parte de la zozobra que muchos compañeros(as) empiezan a sentir cuando se desata esta sutil cacería de brujas por parte de la cadena burocrática de “DESOCUPADOS” que nos piden este o aquel documento, que nos exigen que llenemos aquel o el otro formulario para los estudiantes de adecuación, etc.. y es ahí donde me preguntó ¿qué hacen instituciones como la Defensoría de los Habitantes por nuestra salud ocupacional también?
Desde mediados de marzo entregué mis Programaciones Individuales haciendo un esfuerzo ingente por terminar un trabajo en el que no creo y que por lo tanto sé que no debo posponer ni dejar para el final.
Al día siguiente de haber entregado mis planes se me informa que tengo que cambiar dos de ellos porque le había elevado el nivel a unos estudiantes y que esto no era posible. Le expliqué a la compañera de apoyo que conocía bien a ambos estudiantes (los tuve en sétimo, octavo, y décimo) y que conocía el nivel de funcionamiento de ambos. Me insistió en que tenía que cambiar los planes porque de lo contrario el omnipotente y omnisapiente comité itinerante o los educadores de oficina (los calificativos son míos) que iban a revisar mis planeamientos no los iban a aceptar.
Además de esto, se me devuelven las otras programaciones educativas individuales, por el simple hecho de que a alguien en la regional 03 se le ocurrió inventarse otra hoja de planeamiento que es tan inverosímil como utópica y ahora se les ocurre que tenemos que rehacer todos los planeamientos para que se ajusten a ese nuevo formato.
Sin ningún deseo de polemizar o encapricharme en llevarle la contraria a nadie le dije a la docente de apoyo que sabía lo que estaba haciendo y que iba a dejar mis planes así: tal y como estaban. Ella me dijo que iba a consultarlo entonces con los especialistas…
Este tipo de roces, discusiones y situaciones triviales tienen lugar con mucha frecuencia en mi colegio y por las razones más vanales que puedan existir. El desgaste y la indisposición de tener que hacer tantas cosas o por tener que hacer cambios o rehacer todos los planes por el simple capricho de alguien más es verdaderamente desgastante y desmotivante. En particular, todo esto de las adecuaciones curriculares y el papeleo infinito en que nos vemos envueltos los educadores de la regional 03 verdaderamente nos ofuscan y enferman pues tenemos mucho trabajo que hacer en los colegios y escuelas y demasiadas responsabilidades extracurriculares.
A mí me gustaría que ustedes, Sra. Defensora, vinieran e hicieran un estudio de la situación aquí en Tilarán donde tenemos un promedio de dos a tres estudiantes de adecuación curricular por aula. Yo en particular trabajo con 7 estudiantes e imagínense ustedes todo el circo malabares que tengo que hacer para sobrevivir con mi trabajo regular además de esta carga insoportable de trabajo extra…
De seguro si yo tuviera tanto tiempo, estuviera más desocupado o tuviera el puesto que los ejecutivos de la dirección regional tienen me la pasaría haciéndole los planes a los demás compañeros antes de ver y tener que lidiar con tanta imperfección y con tanta ineptitud.
Señora Defensora, nuevamente les digo que la ofuscación y la decepción que siento me tienen en el umbral del cansancio, de la frustración y de la enfermedad. ¿Me pregunto cuántos educadores más en Costa Rica estarán sintiendo la misma angustia y teniendo las mismas inquietudes, elevando quejas o haciendo denuncias como esta y que hacen instituciones como la suya por nosotros también?
Yo sé bien, Señora Defensora, que ustedes conocen los problemas de los educadores costarricenses, que saben que hay muchas cosas en el sistema educativo que no funcionan y muchas otras que están muy mal. También sé que hay cosas por hacer y que no se pueden cambiar.
Yo definitivamente no puedo hacer cosas imposibles e irrealizables por complacer al ego y obstinación de los demás aniquilándome de este modo profesionalmente. Siento que estamos en un punto de fuego cruzado, en un laberinto sin salida donde ya necesitamos de nuevo sentarnos los educadores, el COLYPRO, el Ministerio de Salud, el Dpto de Salud Ocupacional del INS, la Defensoría de los Habitantes y el Ministerio de Educación a debatir sobre los fines y objetivos reales de nuestro trabajo y sobre la calidad de educación para la que estamos o no estamos capacitados a ofrecer en este y en todas las escuelas y colegios del país sin dejarnos amedrentar por directrices internacionales ridículas y sin fundamento de los que no tienen nada que hacer o que no enfrentan la realidad de aula como nosotros. Alguien tiene que oírnos, alguien tiene que apoyarnos, alguien debe prudente, mesurada y sabiamente orientarnos en esta empresa social. Yo sé que aquí en mi colegio hay mucha gente con múltiples y multiplicantes capacidades y virtudes profesionales, gente polifacética y multifuncional. Habemos otros que no fuimos dotados por la naturaleza para enfrentar y lidiar con tantas y proliferantes responsabilidades. Habrá gente que este disfrutando de tanto reto y de tanta carga laboral, habemos otros que ya a estas alturas estamos quemando los últimos cartuchos como si estuviéramos a finales de noviembre en otros tiempos.
Me desalienta tanto la confusión de pensar que las compañeras que se dicen ser de apoyo docente en cualquier momento y con tanta facilidad traspasan la línea y se convierten en compañeras de tropiezo, intromisión y obstaculización de mi trabajo como profesor de inglés.
Yo no estudié educación especial y siendo sincero conmigo mismo y con los demás ese es un territorio al que no me aventuraría, una zona que no que no me interesa y a la que jamás entregaría mi vida. En lo personal creo que eso es un desperdicio vital y profesional.
También entiendo que el gobierno no nos da otra alternativa y que los intereses financieros del país son los que privan en este tipo de alianzas entre la educación formal y la “pseudoeducación” para ahorrarse cantidades de dinero no teniendo que contratar más educadores de enseñanza especial o abriendo centros especializados para ese tipo de población como hacen en los países del primer mundo incluyendo a España, de donde entiendo vino el engaño y la atrocidad de esta “educación integral y no discriminatoria” que se practica ahora en Costa Rica.
Por otra parte, son muchos los años ya que he trabajado en aulas de escuelas y colegios de Estados Unidos y nunca jamás vi o escuché cosa igual como lo que nos hacen hacer aquí en Costa Rica. Yo sé que la calidad de educación, que por lo menos en las escuelas y
colegios de Carolina del Norte alcanzan, no tiene comparación con lo que hacemos en este país donde trabajamos casi con los dientes y las uñas.
Tampoco es mi función ponerme a hacer un análisis contrastivo entre lo que aprendí, hice, hacen, hago y he dejado de hacer desde que regresé a este país. Estoy seguro que eso a nadie le importa más que a mí.
Sin embargo, vuelvo al punto donde yo le pido su ayuda para que intercedan por nosotros ante los dioses del MEP, la Sala IV y de la dirección regional, de donde viene tanta presión y tanto avasallamiento, para que sean más solidarios, más humanos, más compasivos, considerados y respetuosos de nuestro trabajo real.
Por Dios, Señora Defensora, que si usted nos recomienda poner un recurso de amparo contra los que también violan nuestros derechos como profesionales en educación y dañan nuestra salud… se lo agradeceríamos infinitamente. Creo que ya estamos en un punto donde podemos sentar un precedente por violencia laboral: abuso, desconsideración e irrespeto profesional.
De seguro quienes no tienen que lidiar con los estudiantes regulares y “normales” no pueden comprender todo el trajín y la carga emocional que para mi y para muchos otros educadores representa trabajar además con los estudiantes con necesidades especiales, hacer planes diferentes e irreales, planear exámenes distintos para todos y cada uno de esos estudiantes con problemas de aprendizaje, etc.. y tras de todo tener a gente supervisando, obstaculizando y agobiando con lo que tenemos y no tenemos que hacer, con lo que debemos y no debemos hacer etc… Esto es un abuso irracional y un irrespeto directo y descarado contra todos nosotros; los profesores que NO escogimos la sublime y noble carrera de la educación especial.
Siempre existe, por otra parte, la errónea y malinfundada interpretación de quienes están en oficinas ministeriales o regionales al decir que los problemas de la oposición y resistencia al cambio y a las “ideas progresistas” en educación siempre viene de los profesores más viejos, de los que comenzamos a trabajar mucho tiempo antes de que existieran las adecuaciones curriculares significativas y no significativas; es decir, de los que si tuvimos la oportunidad corta o larga de experimentar y disfrutar del éxito profesional antes de que apareciera la ley 7600… etc… Pero conforme pasa el tiempo, uno escucha también la frustración y el agobio de los profesores jóvenes que llevaron muchos cursos nuevos sobre adecuaciones, problemas de aprendizaje, etc.. quejarse del
exceso de trabajo, de la esclavitud laboral y del papeleo infinito y absurdo, requisitos indispensables para satisfacer el orgullo y el hambre de reconocimiento público de los que, como siempre he dicho, pasan ocupados viendo a ver como se ocupan en algo mientras les llega el salario y les prueban a quienes les rodean lo astutos, habilidosos y eficaces que son en el arte de ofuscar y subyugar a los demás. Esto es tan inaudito como aberrante Sra. Defensora… Y si en algo me equivoco, le ruego que por favor me lo haga saber.
Para terminar, sólo quiero agregar que el hecho que independientemente de lo que digan los sabios expertos del equipo itinerante yo me considero una persona seria, responsable, de mentalidad muy abierta y de vanguardia: amante de los vientos de cambio, de la evolución y de la revolución social, cultural y de toda corriente pro-humanista, pacifista e intelectual. Pero me opondré y lucharé hasta el infinito contra todo lo que represente mi propia mutilación a todo nivel, incluyendo la violencia y aniquilación psicológica, social, profesional, personal, etc. Sinceramente ya estoy harto de tanto abuso y atentando contra mi dignidad, integridad física y psicológica, de tanta amenazas, intimidación, maltrato, persecución, menosprecio y desvalorización de la tarea realizada, y de tanta imposición.
Espero ansioso el día no muy lejano, Sra. Defensora, en que alguien va a venir y va a tirar abajo toda esta basura y malinterpretación que se ha dado a la ley 7600. Espero que alguien venga y enrumbe muy pronto toda la estupidez y el daño que se ha hecho a nuestro sistema educativo desde que apareció esta ley de “igualdad real”.
Alguien se va a dar cuenta de que necesitamos muchos profesores de enseñanza especial con concentraciones en múltiples disciplinas y multiplicantes especialidades y que necesitaremos aulas y escuelas acondicionadas y adecuadas para ofrecer todos los servicios y comodidades que estas personas merecen y necesitan tener. Mientras tanto, siento que no me puedo cruzar de brazos mientras me traen todo el trabajo que quieran y que realistamente no me corresponde, para el que no estoy preparado y no veo porque tenga que prepararme.
Mientras esta persona aparece pienso que no debe ser justo tampoco que las docentes de apoyo actuales, continúen con la confusión de jugar o pretender jugar el papel de Juanas de Arco y defensoras de la humanidad, mientras llega ese alguien verdaderamente realista y capacitado para dirigir el rumbo de la educación especial en nuestro país y aprovecha todo el conocimiento, la mística y la ética profesional y la verdadera capacidad y voluntad de estas(os) docentes especializadas(os) en la atención de estudiantes con problemas reales de aprendizaje.
Con todo el respeto y agradeciéndole a usted por su tiempo me despido, esperando que me pueda dar una palabra de aliento o dirección sobre lo que debo o debemos hacer en momentos así.
Sería bueno que ustedes hicieran un estudio en todo el país acerca de los logros o retrocesos que se han dado en Costa Rica en esta materia y sobre los niveles de satisfacción, insatisfacción o frustración y enfermedades entre los maestros que día a día tenemos que laborar con este tipo de estudiantes, dejando muchas veces de lado y en el descuido el verdadero trabajo y educación para la que fuimos formados por tener que “atender” a estos otros estudiantes..
No es posible, por otra parte, que cuando levantamos la voz y protestamos, la única solución sean las groserías, las amanzanas de sala-cuartazos y las amonestaciones.
Tantos años han pasado desde que se inició esto de las adecuaciones curriculares, la inclusión de estudiantes con problemas de aprendizaje, etc y aún no puedo; por más que lo intento aceptar y tolerar tanta falacia y tanto engaño, aún no puedo combinar la educación para la que me preparé con empeño, ahínco y dedicación en la Universidad Nacional como profesor de Inglés y la Educación Especial que con tanta resistencia y renuencia ejerzo forzado y empíricamente.
A veces pienso si sería posible que me reubicaran a un colegio donde los estudiantes con adecuaciones curriculares sean la excepción y no la norma, donde pueda enseñar mi materia o cualquier otra en paz, con tranquilidad mística, dedicación y en armonía tanto con el proceso enseñanza-aprendizaje como con la juventud, la curiosidad y el deseo de aprender y descubrir de estudiantes sin problemas de aprendizaje; donde ser “normal” no solamente sea un privilegio, pero también un orgullo de los padres de familia y estudiantes… talvez este sea también un sueño utópico, pero estoy seguro que es más realista que la fantasía integradora y no discriminatoria del Ministerio de Educación.
De verdad, pido a Dios sabiduría para poder sobrevivir este ritmo y esta tortura física, psíquica y emocional de la realidad que vivimos los maestros y profesores de esta zona escolar.

Sinceramente,

Prof. Carlos Rodríguez-Herrera