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domingo, 8 de junio de 2008

El fuego bien abajo

Recientemente Gabriela Sellart dejaba ver en su blog cierta desazón por la indiferencia de muchos profes frente sus esfuerzos por implementar el uso de TICs en sus clases.

Pareciera que no se trata solamente de indiferencia. Muchos directivos miran para otro lado también y no siempre esto es atribuible a posiciones tecnofóbicas. Ya he escrito algunas veces sobre ese tema aquí: lo más revulsivo que tienen las TICs para el sistema es que desnudan el estado actual del dispositivo educativo. Muestran con absoluta crudeza que los argumentos que se utilizan para sostener determinadas prácticas son absolutamente inconsistentes. La educación que ofrecemos a nuestros pibes no está solamente atrasada en lo tecnológico. Está galponizada (como decía Ignacio Lewkowicz), está vaciada de sus anclajes de soberanía y esto no es solamente consecuencia de la falta de planes del Estado para reposicionar el rol docente o de los dirigentes sindicales mezquinos que por años se han enfocado únicamente en la reivindicación salarial como una manera de sostener sus privilegios. Tiene más que ver con el retroceso cultural general de toda la sociedad, con el abandono de cada quien a su suerte, practicado en todos los niveles sociales. Con la transformación del espacio docente en un trabajo malpago pero estable, de donde es muy difícil ser removido, donde no existen incentivos ni control de lo que verdaderamente sucede dentro del aula. Donde la calidad de la enseñanza queda solamente en manos del docente que tenga vocación por sostenerla. Donde un inspector observa muchas veces que el libro de temas no ha sido debidamente completado, pero jamás observa una clase. Donde un vice director, que debiera estar velando por la calidad pedagógica, está a cargo de la dirección y vive sumergido en trámites que más tienen que ver con la asistencia social y las becas alimentarias que con la función de pensar una escuela como tal. Ninguna de estas razones entiende las TICs en el aula como una propuesta renovadora. Todo lo contrario. Vienen a descorrer el manto de justificaciones y molestan.

Esta es una discusión de largo aliento. La situación no va a cambiar a poco de que empecemos a trabajar con ellas en las escuelas como francotiradores en una ciudad de indolentes ¿Deberíamos entonces esperar y no hacerlo hasta que mejoren las condiciones? Pero si no hacemos nada ¿Cómo se supone que mejorarán las condiciones?

Cuando uno quiere movilizar a toda una línea hacia arriba, nunca hay que ir a la cima. Hay que poner el fuego bien abajo. Es la única garantía de que llegue a toda la línea. El calor se transmite hacia arriba, nunca hacia abajo. Hay que entusiasmar a los pibes, trabajar con ellos y mostrales que las TICs pueden abrir un montón de puertas para que ellos puedan pensarse de otra manera en la escuela. No persiguiendo un título que conseguirán aprendiendo a surfear las dificultades y encontrándose bastante poco con los contenidos y el sentido de toda esa experiencia.

Esa es la enseñanza más importante que me dejó el paso por el IPEM 344 de Villa Cura Brochero (Traslasierra- Córdoba). Cuando ingresé a la escuela la sala de informática estaba cerrada y la profe responsable no quería abrirla porque, decía: se van a romper las máquinas y no tenemos plata para arreglarlas. Yo solamente conseguí hacer un taller para algunos chicos de primero. Cosa que repetí por los siguientes 2 años y medio. Cuando me fui de la escuela, todo el ciclo básico estaba exigiendo a los profesores que usaran la sala de informática para dar clases en todas las materias. Yo hice muy poco. Ellos se pusieron en marcha en cuanto vieron lo que se podía hacer.

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