lunes, 16 de junio de 2008

Juegos y lazo social 1

Unos días atrás, una estudiante de periodismo me pidió, para una nota de investigación que estaba realizando, que respondiera unas preguntas opinando sobre los juegos y su relación con el lazo social en los adolescentes. Mi posición personal sobre el tema es que resulta difícil contestar este tipo de cosas en general. Las respuestas deben ser construidas en relación a sujetos reales, en situaciones reales (por esta misma razón no comparto la división que se hace entre nativos e inmigrantes digitales, que parece reducir el tema de la inclusión a una cuestión estricatamente etaria).
Publico a continuación la primera parte de mi respuesta.

Las nuevas tecnologías ¿pueden aportar a la sociabilidad de los chicos, o la perjudican?

No estoy seguro de que hablar de sociabilidad nos permita desplegar todas las tensiones que hay detrás del problema. Quizás sería mejor hablar de integración, o de una sociabilidad situada. Si por sociabilidad entendemos una tendencia o una habilidad para relacionarse socialmente, la pregunta de la educación (partiendo de premisa de que hablamos de chicos, y por lo tanto de sujetos en proceso pleno de formación) sería si esa habilidad contribuye a integrarlos, no en el sentido de reducirlos, sino de formarlos de acuerdo a modelos donde prevalezcan valores: registro de límites, de co-habitación con otros, capacidad para hacer mediar la palabra cuando hay conflicto de intereses, respeto a la ley paterna (que no es otra cosa que la aceptación del tercero excluido como mediador), capacidad para proyectar-se (para pensarse a si mismos en un tiempo futuro), para asociarse por intereses complementarios, etc. Se ha dicho muchas veces que la verdadera independencia es la interdependencia. Es decir: una existencia reglada por normas de convivencia, que tiendan a controlar el conflicto, a hacerlo previsible, no a ignorarlo y mucho menos a suprimirlo. Lo otro es una abstracción, la independencia sin aplicación es solamente un concepto.

Abierta así la pregunta, me parece que queda más claro qué pueden hacer las TICs o cuál es el rol que tienen en este proceso: Son instrumentos, herramientas (con algunas particularidades, pero herramientas al fin).

Para ponerlo en términos sencillos: El martillo no martilla. Es una persona la que elije utilizar esta herramienta para hacer una tarea de un modo más eficiente que si lo hiciera solamente con sus manos.

Ahora, sin perder de vista la afirmación anterior, pensemos en las particularidades de las TICs como herramientas. Tenemos que empezar refiriéndonos a la idea de complejidad que introdujo ya hace unos cuantos años el sociólogo francés Edgard Morin.

Lo primero que habría que decir es que las TICs son instrumentos multidimensionales. Morin daba el ejemplo del agua para explicar esta idea y se preguntaba ¿qué es el agua?: para un economista es un recurso renovable, para un pescador es una fuente de alimentación, para un ingeniero hidráulico una fuente de energía, para un químico una molécula de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, para un nadador su ámbito de trabajo… Con las TICs sucede algo parecido: Para alguien como yo son instrumentos de trabajo y, en algunos aspectos, objetos de observación; para los grandes operadores del mercado, son una fuente de negocios; para un distribuidor minorista es su mercancía; para un pibe de clase media pueden ser objetos de consumo, pero para un pibe de posición socioeconómica baja (especialmente los celulares), son fundamentalmente objetos que están significados por la tensión inclusión-exclusión, son instrumentos que portan la ilusión de la pertenencia a un mundo que se empeña en excluirlos. Es la manera que tienen de metabolizar una situación extrema, que de otra manera sería enloquecedora. Ellos también están expuestos al discurso desaforado del hiperconsumo que nos bajan todos los días por los medios de información, pero su realidad socioeconómica no solamente les priva de alimentos y elementos de confort. También les retacea las herramientas lingüísticas que les permitirían amortiguar esta tensión si pudieran ponerla en palabras.

Desde esta perspectiva, hay que decir que la verdadera brecha digital es la distancia lingüística y cultural que establecen las TICs en términos de prácticas de uso inclusivas. Cada día está más claro que el no uso, la falta de inclusión de la tecnología en el hacer cotidiano responde a una barrera cultural y no económica. Cualquiera que tuviera las herramientas lingüísticas y culturales necesarias, por lo que cuesta un pasaje de colectivo podría ir a un ciber a teletrabajar o estudiar una hora por día.

Una segunda característica distintiva de las TICs como herramientas, es su capacidad para transmitir mensajes complejos. Aquí hablamos de multimodalidad (hay autores interesantes en este tema: Gunther Kress, Theo van Leeuwen, Rodney Williamsom). Si bien esta no es una característica propia de estos medios (Kress y van Leewen dicen que todos los textos son multimodales), lo cierto es que su estudio empieza a desplegarse con fuerza a partir de lo que sucede con ellos.

En un mensaje multimodal importa lo que se dice, cómo lo dice, quién lo dice y a quién va dirigido, porque la significación final se cierra en el receptor, que es quien decodifica referenciándose en su propia paleta de recursos, valores, datos e información preexistente.

Cada uno de estos modos de emisión, se resignifican entre sí. A tal punto que, dado que lo que nos caracteriza como sujetos es la singularidad, podría decirse que nadie escucha el mismo mensaje. Como hablamos de contextos culturales diferentes entre los que circulan mensajes y discursos que trascienden estas fronteras, no es posible pensar en significaciones al margen de ideas como hibridación cultural, polifonía o heteroglosia. Todos conceptos que intentan explicar desde diferentes anclajes teóricos la complejidad del fenómeno.

Dicho todo esto hay que volver a la pregunta inicial. Está claro que no son las TICs las que aportan o perjudican los procesos e integración social de los adolescentes. En todo caso podría pensarse que son el campo de batalla en donde se juegan cosas importantes para la formación de los pibes.

Ahí convergen una serie de vectores que son los que hacen a la particularidad del cóctel: Por un lado el discurso del capitalismo del hiperconsumo que pareciera no tener freno de ninguna clase. Por el otro, cierta perplejidad social frente a este fenómeno, que acaba convalidando su naturalización. Ignacio Lewkowicz hablaba del desfondamiento del Estado. Este es otro dato. Según la reforma constitucional del 1994, pasamos de ciudadanos a ser consumidores, aunque en ningún lugar se explica qué significa esto. El Estado dejó de ser el proveedor natural de soberanía, matriz alrededor de la cual se organizaban y adquirían sentido todos los valores sociales; para pasar a ser el garante de los negocios de grupos súper concentrados.

En ese marco, la escuela, como tantas otras instituciones se galponizaron, se vaciaron de contenido. El modelo que tenemos para mostrarle a los pibes como sociedad, expresa eso: No se ve cómo será el futuro.

Francoise Dolto, una psicoanalista francesa fallecida en los ochenta, decía que la adolescencia es el período más difícil en la vida de los humanos, porque significa nada menos que volver a nacer, con el agravante de que esta vez es sin la madre que lo protege y contiene. En esta etapa está solo de toda soledad, empieza a abandonar todo aquello que lo identificaba con sus mayores y que lo acompañó hasta acá, y comienza la búsqueda de lo propio. Es una etapa de grandes desgarramientos y oquedades.

En buena hora que los pibes se puedan aferrar de los juegos y construir mundos simbólicos alrededor de ellos. Los lazos que deberíamos ofrecerles para contenerlos, con la sociedad y los mayores están en crisis: con la familia, con el estado, con el gobierno, con la escuela, con el trabajo. Las construcciones digitales, en algún sentido, cumplen la función de sustitución de los otros lazos.

En definitiva, para pensar el rol de las TICs y los juegos en el mundo de los adolescentes, aun de los adolescentes extendidos, habría que empezar por comprender en profundidad cómo se gestó ese lazo, del que solamente vemos en la superficie una parte pequeña.

Foto: FlickrCC

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