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sábado, 10 de enero de 2009

Lo que haces, no lo que dices


El señor Lerminier, el académico, diserta sobre la incapacidad intelectual del pueblo. El señor Lerminier es un bruto. Pero un bruto no es un tonto ni un indolente. Y nosotros seríamos también brutos si no reconociéramos en sus disertaciones el mismo arte, la misma inteligencia, el mismo trabajo que realizan quienes transforman la madera, la piedra o el cuero. Sólo reconociendo el trabajo del señor Lerminier, podremos reconocer la inteligencia que se manifiesta en la obra de los más humildes.
Jacques Rancière - El maestro ignorante.

domingo, 4 de enero de 2009

Maestro


Quien busca siempre encuentra. No necesariamente encuentra lo que busca, mucho menos, lo que se debe encontrar. Pero encuentra algo nuevo para relacionar con la cosa que él ya conoce. Lo escencial es esta vigilancia continua, esa atención que no se debilita sin que se instale la sinrazón (dominio en el que el sabio se destaca tanto como el ignorante). Maestro es quien mantiene a quien busca en su camino, en donde él es el único que busca y no deja de buscar.

Jacques Rancière - El maestro ignorante.
Los subrayados son míos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Que educar signifique Emancipar


[...] la distancia que la Escuela y la sociedad pedagogizada pretenden reducir es la misma de la cual viven y, por lo tanto reproducen sin cesar. Quien plantea la igualdad como objetivo a alcanzar a partir de la situación no igualitaria, la aplaza de hecho al infinito. La igualdad nunca viene después como un resultado a alcanzar, debe ubicársela antes. La desigualdad social misma la supone: quien obedece a un orden, debe desde ya, y en primer lugar, comprender el orden dado; en segundo lugar, tiene que comprender que debe obedecerlo. Debe ser igual a su maestro para someterse a él. No hay ignorante que no sepa una infinidad de cosas y toda enseñanza debe fundarse en este saber, en esta capacidad en acto. Instruir puede, entonces significar dos cosas exactamente opuestas: confirmar una incapacidad en el acto mismo que pretende reducirla o, a la inversa, forzar una capacidad, que se ignora o se niega, a reconocerse y a desarrollar todas las consecuencias de este reconocimiento. El primer acto se llama embrutecimiento, el segundo emancipación. En los albores de la marcha triunfal del progreso por la instrucción del pueblo, [Joseph] Jacotot hizo escuchar esta declaración asombrosa: ese progreso y esa desigualdad equivalen a eternizar la desigualdad. Los amigos de la igualdad no tienen que instruir al pueblo para acercarlo a la igualdad, tienen que emancipar las inteligencias, obligar a todos y cada uno a verificar la igualdad de las inteligencias.
[...]
La igualdad, enseñaba Jacotot, no es formal ni real. No consiste ni en la enseñanza uniforme de los niños de la república, ni en la disponibilidad de productos a bajo precio en las góndolas de los supermercados. La igualdad es fundamental y ausente, es actual e intempestiva, siempre atribuida a la iniciativa de los individuos y de grupos que, contra el curso ordinario de las cosas, asumen el riesgo de verificarla, de inventar las formas, individuales o colectivas, de su verificación. Esta lección también es hoy, más que nunca, actual.

Jacques Rancière - mayo 2002 . Prólogo al libro El maestro ignorante.
Los subrayados son míos.

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