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miércoles, 19 de enero de 2022

Miquel Bassols. 'Lo femenino, más allá de los géneros'

Lo femenino como la altereidad irreductible. En un momento cuenta, como ejemplo, algo que le dijo una mujer que baila tango, señalándole la diferencia de cómo lo hace el hombre, que baila con una mujer. Ella baila como otra para sí misma. Muy recomendable, porque la exposición es amena y muy clara.

 
 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Malestar, locura y silenciamiento

 Doctor, no me cure la locura. Es lo único que tengo.



Introducción.

Sigmund Freud señala en El malestar en la Cultura, un elemento estructural que produce  ese malestar en la sociedad: la convivencia del hombre — dice — se organiza a  partir de la renuncia pulsional.  Aproximándose a la idea de salud, que hoy podríamos pensar cercana al modelo sostenido por la OMS[1], dijo alguna vez que la salud mental tenía que ver con poder amar y trabajar. En otro texto de 1912 había hipotetizado que no habría diferencias cualitativas entre la salud y la enfermedad, sino sólo una cuestión de grados.

(...) no existe ninguna diversidad cualitativa entre las condiciones de salud y de la neurosis, y los sanos enfrentan la misma lucha por dominar la libido, sólo que les va mejor en ella. (S. Freud. Sobre los tipos de contracción de neurosis. Pág 244)

El sistema de producción capitalista, desde aquel modelo inicial que sepultó once siglos de medievalismo impulsando el desarrollo de la ciencia y la tecnología, hasta su actual variante neoliberal; ha convertido en un culto el sostenimiento de la rentabilidad como premisa irreductible de todas sus acciones. El tema de cómo impacta eso en la subjetividad, ha sido teorizado por distintos autores y desde diferentes perspectivas: la alienación al objeto y el concepto de plusvalía de Marx, que fuera luego releído por Lacan como plus de goce; los dispositivos de control que describiera Foucault en sus teorizaciones sobre las sociedades disciplinarias y la Biopolítica; hasta la ideología contemporánea del constrúyete a ti mismo, o sé tu propio empresario que analiza Byung Chul Han en su concepción de la Psicopolítica. En todos los casos resulta insoslayable advertir el nexo entre las relaciones de producción económica de un momento histórico y la emergencia de una subjetividad acorde, entendida esta como un modelo de lazo social y —por lo tanto— susceptible de ser leído en clave sincrónica con aquel formato.

A lo largo de las siguientes páginas me propongo reflexionar acerca de si este modo de producción económica, desde la perspectiva de cómo labra las relaciones intersubjetivas, no constituye —además— un empuje silencioso y silenciado hacia la locura. Sospecho que esta operación gira en torno a la concurrencia de algunos factores que trataré de relacionar (más o menos explícitamente, atento a la extensión del trabajo): la frustración que produce la obturación del deseo en las personas y la oferta de que sea sustituido por objetos de consumo; la reducción del escenario de la esperanza de una vida mejor, la mercantilización transversal de la vida y el sostenido trabajo de anestesiamiento que producen los medios hegemónicos de comunicación, ubicados claramente en posición de escuderos del poder económico. Para ello voy a tomar tres ejes que iré tratando de hacer confluir: La locura, el poder, la producción de subjetividad.

La locura, de la insensatez a la expiación.

A través de distintas épocas, el loco fue ubicado en el lugar de la insensatez. La preocupación central fue separar a los individuos razonables de los insensatos. No se trataba de cuestiones relacionadas con la salud, sino con acontecimientos sociales, políticos y económicos, que finalmente iban a ser englobados tras la figura del poder. El loco empezaba a ocupar el lugar de lo que socialmente no funciona.

Si la locura arrastra a los hombres a una ceguera que los pierde, el loco, al contrario, recuerda a cada uno su verdad; en la comedia, donde cada personaje engaña a los otros y se engaña a sí mismo, el loco representa la comedia de segundo grado, el engaño del engaño. (M. Foucault. Historia de la locura. Tomo 1. pág 15)

En un paisaje parasitado por las guerras y las pestes, en la segunda mitad del siglo XV se produce un viraje y la locura pasa a ocupar el lugar de comenzar a mostrar la fatuidad de la vida. (...) En la locura se encuentra ya la muerte (...). La risa del loco desenmascara el rostro de la muerte y la fragilidad de la existencia, dice Foucault.


Hasta el siglo XVI la locura aparecía con una referencia recíproca a la razón, ambas se recusan, pero se funden la una por la otra como dos caras de una misma moneda. En el siglo XVII, en cambio, la razón excluye de su campo a la locura. Esta expulsión de la locura no se debe solo a un avance del racionalismo en el pensamiento filosófico. Hay además una serie de coordenadas sociales que se despliegan para excluir y encerrar al loco.

La sustitución del tema de la muerte por el de la locura no señala una ruptura sino más bien un giro en el interior de la misma inquietud. Se trata aún de la nada de la existencia, pero esta nada no es ya considerada como un término externo y final, a la vez amenaza y conclusión. Es sentida desde el interior como la forma continua y constante de la existencia. En tanto que en otro tiempo la locura de los hombres consistía en no ver que el término de la vida se aproximaba, mientras que antiguamente había que atraerlos a la prudencia mediante el espectáculo de la muerte, ahora la prudencia consistirá en denunciar la locura por doquier, en enseñar a los humanos que no son ya más que muertos, y que si el término está próximo es porque la locura, convertida en universal, se confundirá con la muerte. (M. Foucault. Historia de la locura. Tomo 1. Pág 16)

La locura y la pobreza perturban el orden social y serán juzgadas a partir de una ética del trabajo. En el siglo XVII la locura es desacralizada y enfocada desde un plano moral.

El trabajo y la ociosidad han trazado una línea divisoria, en el mundo clásico, que ha sustituido a la gran exclusión de la lepra. El asilo ha tomado exactamente el lugar del leprosario en la geografía de los sitios poblados por fantasmas, como en los paisajes del universo moral. En el mundo de la producción y del comercio se han renovado los viejos ritos de excomunión. En estos sitios de la ociosidad maldita y condenada, en este espacio inventado por una sociedad que descubre en la ley del trabajo una trascendencia ética, es donde va a aparecer la locura, y a crecer pronto, hasta el extremo de anexárselos. Vendrá el día en que podrá recoger estos lugares estériles de la ociosidad, por una especie de muy antiguo y oscuro derecho hereditario. El siglo XIX aceptará, e incluso exigirá, que se transfieran exclusivamente a los locos estas tierras, donde ciento cincuenta años antes se quiso reunir a los miserables, a los mendigos, a los desocupados. (M. Foucault. Historia de la locura. Tomo 2. Pág 62)

(...) Si existe en la locura clásica algo que hable de otro lugar y de otra cosa, no es porque el loco venga de otro cielo —el del insensato— y luzca los signos celestes; es porque ha franqueado las fronteras del orden burgués, para enajenarse más allá de los límites sagrados de la ética aceptada. (M. Foucault. Historia de la locura. Tomo 2. Pág 63)
En la Modernidad, algo de la moral burguesa seguirá funcionando en la exclusión de la locura o en su silenciamiento total, con la idea de que es posible la objetividad y la enfermedad mental no tiene acceso a ella.

Poco a poco, la locura y el loco comienzan a entrelazarse en un vínculo (que habrá de ser irreductible) con las diferentes formas del poder. El asilo se va convirtiendo lentamente en un campo de pruebas donde ensayar diferentes estrategias de disciplinamiento. La medicina, a través de su rama psiquiátrica, concurre a esa experiencia y vehiculizará luego el negocio de los laboratorios.

Este vínculo entre la locura y el poder se construye negativamente: La locura empieza a ser significada socialmente como lo que está mal y el poder acude a ocultar eso. Desde el Poder Soberano (morir y dejar vivir) se pasa al Biopoder y la Biopolítica (vivir y dejar morir) que se apoyó en la medicina y la economía política para profundizar el sentido de exclusión. 

Con la revolución tecnológica en pleno desarrollo, Byung Chul Han define el Psicopoder (vivir y servir) basado en el giro que producen las tecnologías de información y comunicación en las conductas de las audiencias que ahora hay que controlar. Ya no son las instituciones asilares los centros de disciplinamiento ni el Panóptico el dispositivo de control. Puertas afuera, el control se ejerce a partir de lo que cada usuario deja como rastro en las redes sociales y puede ser capturado desde su teléfono celular. El dispositivo de control ha quedado integrado a la vida. Los medios hegemónicos sostienen el imaginario de la felicidad y obturan las contradicciones. Cuando se hace necesario, el control se refuerza administrando alguna variante de cepo químico, convenientemente presentada bajo el paraguas de la salud. La locura ya no es solamente la insensatez. Cada vez se parece más a lo que resiste y tiene presentación sintomática.

Un recorrido del poder.

Una de las características que subraya Foucault en la transición del poder discrecional soberano a la sociedad disciplinaria, es la anonimización del dispositivo de poder. En El poder psiquiátrico, a propósito de la escena de curación del Rey Jorge III, que para él es el punto de inflexión en el surgimiento de la psiquiatría como campo de conocimiento; también puede leer que a este descoronamiento del rey no sucede el coronamiento de otro rey, sino la aparición de una forma distinta de poder:

Es un poder anónimo, sin nombre, sin rostro, un poder repartido entre diferentes personas; y es, sobre todo un poder que se manifiesta en el carácter implacable de un reglamento que ni siquiera se formula pues, en el fondo, nada se dice, y en el texto se escribe con claridad que todos los agentes de poder permanecen mudos. En cierto modo, el mutismo del reglamento encubre el lugar que ha quedado vacío por el descoronamiento del rey. (Foucault, M. El Poder Psiquiátrico - Clase del 14 de noviembre de 1973 - Página 38)

Foucault ubica un cambio en la calidad del poder: sobre finales del siglo XIX y principios del XX, deja de pensar el poder como sinónimo de represión y empieza a pensarlo como dispositivo de producción: de saberes, de bienestar, de políticas. Sería pertinente preguntarse ¿quién piensa en esa dirección? ¿quién o quiénes son los actores que protagonizan esa operación? Lo cierto es que resultará difícil encontrar una respuesta allí, porque aquella red de ocultamiento, que el mismo Foucault señala como el acontecimiento que marcó el inicio del pasaje a las sociedades disciplinarias, lejos de haber sido desmontada, fue constituyéndose en un verdadero parapeto de la mayoría de las operaciones relacionadas, no ya con el poder psiquiátrico, sino con el poder económico en general.

En el Río de la Plata, la expresión popular mi hijo el doctor, inmortalizada en la obra de Florencio Sánchez (M'hijo el dotor - 1903), alude no sólo a las posibilidades de ascenso social en la época de la organización nacional, sino que recorta a la universidad como lugar de construcción de hegemonía. La categoría doctor se refiere a los médicos tanto como a los abogados. Esto, en sintonía con la correspondencia que establece Foucault entre la relación del poder represor que se organiza en los dispositivos asilares y las formas jurídicas.

La medicalización no fue privativa de la psiquiatría. Es una faceta de un proceso en el cual la ciencia moderna, supuesta de producir un conocimiento objetivo y verdadero, externo a los intereses y ópticas —eventualmente contrapuesto— de los diversos sujetos sociales, se instituyó como razón de poder reemplazando el lugar de la religión.

El positivismo como pensamiento hegemónico planteó la ciencia como garante de la racionalidad del orden social.

La medicina fue llamada a ejercer un papel de ordenador en nombre del bien de los sujetos y del desarrollo de la sociedad. Esto es lo que Jaques Donzelot muestra en su análisis del policiamiento de la familia: ....” hay un polo médico higienista que no trata de contener la demanda inflacionista del papel del Estado, sino, al contrario, de utilizarla como instrumento directo, como medio material para conjurar el peligro de la destrucción de la sociedad por el debilitamiento físico y moral de la población (...) la tendencia médica es la consecuencia necesaria de la tendencia industrial, ya que la influencia que esta última ha ejercido sobre la salubridad está fuera de toda duda, en el sentido que ha multiplicado el número de peligros a los que las poblaciones manufactureras están, por lo general, mucho más expuestas que las poblaciones agrícolas” ( Donzelot, J.,1979, pag. 59). citado por Alicia Stolkiner y Romina Solitario en Atención Primaria de la Salud y Salud Mental: la articulación entre dos utopías.

Una red de relaciones de encubrimiento del poder, réplica de las redes que se establecieron para pasar de la violencia soberana a la sociedad disciplinaria, también se extendió a la sociedad económica que crecía más allá de los muros de confinamiento.

En la década del 70, llegan a su fin los dorados 30 años de los Estados de Bienestar y el modelo keynesiano cae por su propio agotamiento. Es posible leer —a partir de allí— cómo convergen y se resignifican algunos dispositivos: las redes de anonimización del mundo de la medicina con las de la industria extramuros, el lugar de la ciencia como garante de la verdad, la posición hegemónica de la medicina como ciencia que porta el saber. Todas estas operaciones, también permiten suponer el impacto que esta conjunción va produciendo en la cultura:

Para el final de la década, los desarrollos tecnológicos empiezan a orientarse hacia la naciente rama de la medicina especializada en el diagnóstico por imágenes. Si en la representación social el médico era el garante de la verdad, por ser el portavoz de la ciencia, estas tecnologías vienen a reforzar esas representaciones en el imaginario colectivo, aumentando las capacidades: ahora el médico puede ver a través de las opacidades del cuerpo. Su posición lo eleva considerablemente del común de los ciudadanos.

El entorno subjetivo.

La escena que relato a continuación, ocurrió en 2004, en una escuela semi rural de nivel medio, ubicada en Villa Cura Brochero, una localidad del oeste cordobés, de unos 3000 habitantes. La mayoría de los estudiantes que concurría al establecimiento pertenecía a una tercera generación de familias desocupadas. Esto significa que ni estos jóvenes ni sus padres habían visto trabajar a sus mayores [2].

Un día por la mañana, la madre de una alumna de primer año, se presenta en la escuela y pregunta por una profesora. La atiende un secretario, que ha llegado con un trasladado reciente desde Buenos Aires y está cursando sus primeros días en la posición. Le informa que la profesora está en clase. La madre insiste y el secretario la acompaña al aula. En el momento en que abre la puerta para avisar a la profesora que tiene una visita, la madre se arroja al cuello de la docente y la aprieta con fuerza hasta desmayarla. La profesora cae sobre los primeros bancos, desde donde los alumnos observan la escena. La madre se retira del establecimiento por donde llegó.

Más allá de los cuestionamientos que pudieran hacerse hacia la metodología usada por esta madre, el ejemplo sirve para subrayar dos cuestiones: Se trató de un acto de desesperación en defensa de la precaria economía doméstica (aunque la red de protección del poder, se ocupó de invisibilizar este dato, culpando alternativamente a la madre y al secretario). Esa profesora había puesto un aplazo en una prueba realizada por la hija de esta señora y ese insuficiente significaba que la Municipalidad retiraría el subsidio que otorgaba a la madre para forzarla a que enviara a su hija a la escuela.

El otro aspecto que me interesa señalar es que la red de invisibilización del poder necesita de los vigilantes y las normas [3] (aunque resulten absurdas y contraproducentes). En este caso, encarnados en una casta política que lucra con la pobreza generando un dispositivo que se pone en marcha en nombre de la ayuda social, pero que en realidad está destinado a generar servidumbre a través de votos cautivos. Esta situación reproduce el formato vivir y dejar morir del que habla Foucault, conjuntamente con el formato vivir y servir (ya en 2004) que describe Byung Chul Han, para la era de las redes sociales [4].

La técnica de poder del régimen neoliberal adopta una forma sutil. No se apodera directamente del individuo. Por el contrario, se ocupa de que el individuo actúe de tal modo que reproduzca por sí mismo el entramado de dominación que es interpretado por él como libertad. La propia optimización y el sometimiento, la libertad y la explotación coinciden aquí plenamente. A Foucault se le oculta totalmente la técnica de poder que genera la convergencia entre libertad y explotación en la forma de autoexplotación. (Byung Chul Han. Psicopolítica. El dilema de Foucault. pág 24-25)

Se trata de un poder que se aplica siempre sobre sobre los cuerpos, que va produciendo individuos y en esa individuación va instalando cierta idea de normalidad. Este poder, sujeta y subjetiviza esos cuerpos transformándolos en sujetos, en función de una norma que viene articulada desde el poder. Pero siempre lo hace en nombre de la libertad de elección.

Sobre esta estrategia de atenazamiento operan una serie de discursos concurrentes. Uno de ellos es la religión, que ofrece completud y salvación más allá del sufrimiento terrenal y que ya estaba presente en las teorizaciones de Freud.

Puesto que la cultura impone tantos sacrificios no solo a la sexualidad, sino a la inclinación agresiva del ser humano, comprendemos mejor que los hombres difícilmente se sientan dichosos dentro de ella. (Sigmund Freud. El malestar en la cultura. pág 111)

Señalé al inicio que para Freud el malestar se origina en el necesario renunciamiento pulsional que requiere la cultura para poder establecerse. Este renunciamiento está ejemplificado en los grandes mandamientos sociales, no matarás, amarás al prójimo como a tí mismo, no tomarás la mujer de tu hermano, que la religión judeocristiana ha tomado como propios y funcionan como una vía de apaciguamiento frente a esa tensión que pugna por desbordarse.

El discurso del mercado concurre también aquí, ofreciendo la felicidad en envases de productos y baratijas.

El mercado, jugando con el temor a la falta que cada uno pueda experimentar, ofrece los productos con los cuales cada uno puede olvidar esa falta inherente al ser hablante, que no puede ser colmada por ninguno de tales productos ofrecidos a la codicia del cliente. El mercado convierte la falta íntima y propia de cada sujeto —donde Freud reconoció al "objeto perdido" en cuanto producto de la primera separación vital— en un argumento metonímico de venta. El gadget comercial se presenta, sin decirlo, como algo suficiente para colmar el vacío originario, utilizando el mismo resorte que el flechazo. Nos acercamos a lo que puede llamarse la "sexualización del mercado" en la cual vemos manifestarse la influencia del discurso del sujeto histérico. (Aoullié, S. y otros. Manifiesto por el psicoanálisis. pág 173-174)

Para conseguir que el flechazo sea posible, los medios hegemónicos transmiten repetidamente el mismo mensaje, le hablan a un sujeto emocional de 8 años; apuntan siempre a la empatía con la audiencia, subrayando que lo hacen en nombre de la objetividad y el ejercicio libre de la profesión. En cambio, presentan la realidad fragmentada con formato de totalidad y la ocurrencia de los hechos como una sucesión de acontecimientos desarticulados, donde nada es consecuencia y nada es causa. En esta concepción de la realidad, el mundo se mueve a partir de sucesos más o menos fortuitos y las fundamentaciones que se ofrecen normalmente están apoyadas en declaraciones oraculares de algunos personajes que, a veces, son constructos hechos a medida. Ofrecen de esta manera una importante contribución a la frustración colectiva, a la ignorancia, al desinterés, al desánimo.

La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados en las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país.

Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar. (E. Bernays. Propaganda. pág 49)


Segmentación.

La expresión, proviene del campo del mercadeo. Inicialmente hacía referencia a (...) un método por el cual se pueden dividir a los clientes potenciales en distintos grupos, los cuales, permiten que las empresas puedan enviar mensajes personalizados a las audiencias correctas. Sin embargo, la mercantilización de la vida cotidiana, extendió su uso a diferentes actividades, fundamentalmente el estudio de impacto de los mensajes y a las preferencias electorales. La idea de fondo de la segmentación se refiere a un cambio en la estrategia de emisión, que empieza a operarse paralelamente al desarrollo tecnológico de los medios de comunicación, cosa que ocurre masivamente desde mediados del siglo XX.

El cambio cualitativo que se opera en este campo, alude al uso predictivo que se empieza a hacer de lo que retorna en este tipo de comunicaciones. En relación a los dispositivos de control que describe Foucault, se mantienen el anonimato y el uso de la vigilancia en un formato que guarda algún parecido con el panóptico de Bentham. Los medios de información van convirtiéndose poco a poco en medios de desinformación al servicio de anestesiamiento de las audiencias.

La explosión tecnológica que comienza con la aparición de la llamada Web 2.0 [5], tiene actualmente su punto cúspide en las tecnologías Big Data.

Aunque conviven en las sociedades occidentales, distintos modelos de segmentación aplicada a la emisión de mensajes, la que ha mostrado mayor eficiencia para el logro de sus objetivos (hacer que el otro haga algo específico, creyendo que lo hace en ejercicio de su libertad de elección) son los modelos basados en las tecnologías Big Data.

Donald Trump, en 2016 ganó las elecciones, en base a la manipulación de 50 millones de perfiles que proporcionó Facebook. El creador de Cambridge Analytics, la agencia que implementó la campaña a partir de este tipo de segmentación, afirmó que con el volumen de datos que tenían sobre los votantes sabían “a qué tipo de mensaje eras susceptible, dónde ibas a consumir ese mensaje y, después, cuántas veces necesitábamos tocarte con ese mensaje para hacerte cambiar lo que piensas sobre algo”. (noticia periodística de la época)

Dice Byung Chul Han que el neoliberalismo se puede pensar como una nueva forma de evolución, como una forma de mutación del capitalismo que ya no se ocupa prioritariamente de lo biológico, somático, corporal. Ha descubierto la psique como fuerza productiva.

Este giro a la psique, y con ello a la psicopolítica, está relacionado con la forma de producción del capitalismo actual, puesto que este último está determinado por formas de producción inmateriales e incorpóreas. No se producen objetos físicos, sino objetos no-físicos como informaciones y programas. El cuerpo como fuerza productiva ya no es tan central como en la sociedad disciplinaria biopolítica. Para incrementar la productividad, no se superan resistencias corporales, sino que se optimizan procesos psíquicos y mentales. El disciplinamiento corporal cede ante la optimización mental. Está en línea con pensar al individuo como empresario de su propia vida. Así, el neuro-enhancement (aumento del rendimiento psíquico mediante la toma de sustancias psicoactivas) se distingue fundamentalmente de las técnicas disciplinarias psiquiátricas. (Byung Chul Han. Psicopolítica. El dilema de Foucault. pág 23)

Ya no se trata de rastrear datos que quedan ocultos, como restos de las comunicaciones, apelando a la minería de datos (data mining). Ahora la información privada está expuesta voluntariamente por los usuarios de las redes sociales y se trata de procesarla, de interpretarla. Lacan acuñó el término extimidad, para referirse a lo más externo de lo íntimo. Esta conducta de los usuarios podría ubicarse bajo el paraguas significativo de esa expresión.

Al incremento de la actividad personal que suponen estas prácticas y las ideas (nada ingenuas) de que el aumento del rendimiento físico puede ayudar a conseguir mejores resultados, y por lo tanto mayor libertad económica; concurren los laboratorios proveyendo, no solamente sustancias psicoactivas, sino ansiolíticos y antidepresivos para mantener a raya los desórdenes emocionales que inevitablemente emergen de estos desórdenes funcionales.

¿Tiene piloto el avión?

Es conocida la fábula de la rana y el alacrán, en donde la destrucción de sí misma y la del prójimo, se justifican apelando a la naturaleza propia del sujeto. Freud se refiere al carácter dual de la dotación pulsional del humano en El malestar en la cultura, dejando en claro que mantenemos relaciones conflictivas con el otro.

(...) el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. (...) el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo. (S. Freud. El malestar en la cultura. pág 108)

Circula en las redes, desde hace muchos años, una polémica solapada respecto a la existencia o no de una hipotética usina del mal, cuya metáfora es una pregunta acerca de si el avión (la civilización) tiene piloto o vuela en modo automático, es decir, controlado por instrumentos. Probablemente no se trate de una oposición verdadera sino de una cuestión de grados, como escribió Freud en 1912 con respecto a la diferencia entre salud y enfermedad.

En 1999, Matrix, una película escrita y dirigida por las hermanas Wachowski, marcó un antes y un después en la historia del cine. En la metáfora de la Matrix se usa la energía humana para alimentar su maquinaria. Tras vencer en la guerra y quedar privadas de la energía solar que necesitaban para funcionar, las máquinas dominan la superficie terrestre y emplean a la especie humana como fuente de energía, cosechándola en grandes campos de cultivo.

Allí también había daño ecológico irreversible, medicamentos que permitían ingresar al interior del cuerpo de la Matrix o evadirlo, control disciplinario, anonimización de las redes de poder, big data. Y fundamentalmente anomia e indiferencia.

Lacan teoriza acerca de la pasión por la ignorancia para explicar la importancia que tiene el mantenimiento de la ignorancia docta en el dispositivo analítico. Desde otra perspectiva, esta pasión por la ignorancia también puede leerse como indiferencia. También puede leerse como manifestación de un yo que quiere dormir.

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[1] La OMS define la salud como: Un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.

[2] Comencé este recorrido destacando el trabajo como uno de los pilares que veía Freud, hace más de 100 años y la OMS actualmente, necesarios para sostener la salud psíquica de un sujeto. 

[3] Tal como lo describe Foucault en la escena de curación de Jorge III.

[4] Facebook apareció en 2005 y se popularizó en Sudamérica a partir de 2008.

[5] Para los primeros años del nuevo milenio, un cambio en la manera de escribir los programas informáticos aplicados a Internet, desató una nueva revolución en la ya ascendente tecnología de información y comunicación. Este cambio quitaba los atributos formales de los contenidos (fuente, párrafo, alineación, etc., incluidos en ellos por la invención de Tim Berners-Lee de 1989) y los ubicaba del lado del dispositivo. El nuevo lenguaje, evocando también las nomenclaturas lacanianas, pasó a llamarse XHTML (Extensible Hypertext Markup Language). Ahora los contenidos en la Web podían tratarse como bases de datos, es decir, como texto puro. (D. Krichman H. Escenas de otra vida cotidiana pág. 116)


Bibliografía


Freud, Sigmund. Sobre los tipos de contracción de neurosis. Obras Completas. Tomo XII. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 2017.
Freud, Sigmund. El malestar en la cultura. Obras Completas. Tomo XXI. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 2014.
Foucault, Michel. El poder psiquiátrico. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2003.
Foucault, Michel. Historia de la locura en la época clásica. Fondo de Cultura Económica. Colombia. 1998.
Lacan, Jacques. Seminario 1: Los escritos técnicos de Freud. Clase XXII, El concepto de análisis. Paidós. Buenos Aires. 2017
Chul Han, Byung. Psicopolítica. El dilema de Foucault. Herder Editorial. Barcelona. 2014
A. Stolkiner, Alicia - Solitario, Romina . Atención Primaria de la Salud y Salud Mental: la articulación entre dos utopías. http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/
Aoullié, S. y otros. Manifiesto por el psicoanálisis. Capítulo 5. S & P Ediciones Madrid. 2013.
Bernays, Edward. Propaganda. Cómo manipular la opinión en democracia. Libros del Zorzal. Buenos Aires. 2016.
Krichman H, Daniel. Escenas de otra vida cotidiana. Orilla del camino. Rosario. 2021.

jueves, 9 de diciembre de 2021

No me dejes (Ne me quitte pas)

 ¿Adónde somos remitidos cuando un ser querido nos abandona? ¿Qué es lo que ocasiona esa sensación de final que nos arrasa? El siguiente recorte puede ayudar a pensar algunas pistas.

El abandono es literalmente impensable. Es que viene de una región desconocida, esa de donde se habría estado de golpe y existencialmente solo. Quedado solo. Eso es lo que el evento del nacimiento nos deja y es esta tarea inmensa de llevar a cabo nuestra soledad, quiero decir eso que descubrimos allí, viniendo al mundo, es una cualidad del ser que aprendemos al quedar solos, y ese devenir soledad está ligado a nuestra humanidad más íntima, nosotros no nacemos autónomos (y hasta ahora no nacemos tampoco de una sola célula), el dos originario que deviene sí mismo, el singular presente que puede decir "yo" es un aprendizaje muy largo, mortal. Toda la filosofía no ha dejado de estar obsesionada por este tema de la soledad, de esta singular existencia abandonada al ser, en esa tarea de pensar y actuar con y contra el mundo. El despliegue psíquico, el espacio interior que nos modelamos, con el que nos construimos, hasta la edad adulta, no cesa de reencontrar al otro como nuevo para hacer a un lado eso que esta soledad construye silenciosamente y así, de pasaje en pasaje, ir con este reconocimiento del otro que no va sin la aceptación de una íntima soledad. El abandono reenvía a ese terror primero y ahí todas las caras son nebulosas, las más amadas, las más odiadas se borran para no dejar ese temor desnudo; jamás estar solos. Casi todos los suicidios vienen pegados a ese terror, de la inutilidad de querer comunicar al otro eso que es lo más preciado ya que es este el vacío que les espera, y en última instancia "take your own life" (tomar su propia vida), como se dice en inglés, es intentar aun un último y generalmente implacable llamado.

¿Se puede no vivir más que para sí? ¿Quién es ese otro secreto al cual todo discurso, también interior, le dirigimos? En el dolor del amor, lo que nos es arrancado, no es ese o esa que amamos en la noche, que miramos a la mañana, a quien le hablamos cada día, es en primer lugar el otro desconocido de esa voz íntima, el receptáculo de nuestros pensamientos que se encuentra brutalmente huérfano; y es en esa separación a carne viva, en nosotros mismos, en esa línea de falla bruscamente abierta como lo fue para cada uno de nosotros en el nacimiento, que nos precipita en el sentimiento que "todo está terminado", que la vida misma se acaba con ese abandono. Cuando un escritor está  a la escucha de esas múltiples voces que lo convocan a escribir, cuando un pintor obedece a la imagen interior que se le presenta e intenta representarla en una tela o en cualquier otro soporte, él está en relación con ese "yo es un otro" que toda creación convoca y reanima. Lo que es adictivo en la creación, eso por lo que un pintor o un músico no cambiaría por otro destino, ese estado turbulento en el que está metido en el acto de la creación cuando le acontece, no es extranjero, parece, a esta soledad superada que reanima interiormente esta línea de falla conjurada en sí, por esta vez aun, en y por esta obra que se perfila en ese gesto, en ese pensamiento, en ese eco.

Dufourmantelle, Anne. En caso de amor. Psicopatología de la vida amorosa. Cap. Ne me quitte pas. págs. 67-68. Nocturna editora. Buenos Aires 2018.
 
 
 

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

Lacan, profeta y lector Freud

El miércoles 8/09, apenas un día antes de que se cumplieran 40 años desde la muerte de Jacques Lacan, presenté este trabajo como tema en un examen final, diciendo:

Voy a hacer un recorrido por distintos aspectos de la enseñanza de Lacan, para tratar de llegar —en la brevedad de esta exposición— a decir qué es lo que le molesta tanto al neoliberalismo del psicoanálisis y por qué pareciera que no está dispuesto a escatimar esfuerzos para limitar su accionar y —si pudiera—  borrarlo de la faz de la tierra.

 

 

Lacan, profeta y lector Freud

Freud llevó el Psicoanálisis a EUA, en 1909.

Había perdido una batalla por la anexión del psicoanálisis a la medicina, consumada en ese país, con la ayuda de los poderes públicos norteamericanos. Treinta años después, ocurrirá un acontecimiento.

Franz Wittels, médico y psicoanalista norteamericano, seguidor ferviente de las teorías de Freud (al punto tal que ponía muy nervioso al propio Freud con algunas de las cosas que hacía y decía), ya había expresado en sus memorias, en 1940, algunos temores respecto a lo que se avecinaba: Había ubicado a la psicología norteamericana como la fuerza antagónica principal del psicoanálisis. Y no solamente eso, había vaticinado que aparecería un profeta que lucharía por levantar esa derrota. Y treinta años después de aquel desembarco, aparece Jacques Lacan, deseoso de combatir a los charlatans, como les decía. Este profeta combatiente fue un pensador contraintuitivo que hizo una profunda lectura de los textos de Freud e iluminó aspectos del psicoanálisis a los que el propio creador de la disciplina no había llegado.

Lo primero que hay que decir es que sin el desarrollo del pensamiento científico; sin la nueva episteme, como la llama Koyré, Freud no hubiera podido hacer emerger ese determinismo que caracteriza al psiquismo humano y que lo llevó a descubrir el inconsciente como una fuente otra de saber, en desmedro de las concepciones que lo ubicaban como un lugar oscuro, depósito de las pasiones insondables.

La ciencia para Lacan está en el lugar de causa del psicoanálisis. Consiguió mostrar no solamente que el psicoanálisis no habría podido desplegarse sin el cogito cartesiano, sino que el sujeto de la ciencia es el mismo sujeto del Psicoanálisis, 300 años después. Sin embargo, la ciencia lo forcluye. Lacan muestra esto puntualizando que cuando Descartes dice pienso, está enunciando a partir del ejercicio de la duda y la duda revoca todas las propiedades del pensamiento. Su pensamiento ha sido vaciado tal como la cesta de las manzanas que usa como ejemplo. Lacan habla aquí de un sujeto que emerge, de lo efímero y señala este momento como el primero de la historia en la aparición del sujeto. Descartes luego va a empezar a llenar ese vacío con propiedades: el luego existo (ergo sum) es una manera de hacer eso.

El saber va para un lado, originado en esa verdad en estado naciente, pero va a quedar excluida la posibilidad de que esa verdad sea captada. Esto es lo que ocurre con la ciencia.

En esta articulación saber es ciencia, y verdad es un nombre del sujeto.

Milner dice que la ciencia matematizada despoja al objeto de toda cualidad. Esta distinción tiene gran importancia para Lacan ya que nos habla de la diferencia entre el Sujeto y el Yo. El Yo es una entidad imaginaria y, a diferencia del sujeto, sí tiene cualidades.

La ciencia introduce la función simbólica y olvida la función creadora de la verdad. En Saber verdad y opinión, Lacan se apoya en el análisis que hace Sócrates de El Menón, y se detiene en el equívoco que comete el esclavo, cuando trata de encontrar el doble de la superficie de un cuadrado, duplicando la longitud de los lados. Al hacerlo, duplica dos dimensiones de la figura y lo que obtiene es un cuadruplicado. Obtiene 16 en lugar de 8.

En esta escena  puede verse el corte, el clivaje, entre el plano de lo imaginario, de las intuiciones a priori (incluso es donde puede operar la teoría de la reminiscencia); y la función simbólica. Esta función, de ningún modo es natural y necesita ser introducida en la realidad a la manera de un forzamiento.

Lo simbólico en el ejemplo, está expresando un desarrollo matemático que el esclavo no conoce y cuya notación es √2. Esa notación es autónoma respecto del diálogo que se produce. Nunca se llegaría a ella por la vía del recurso mayéutico. Es necesario que sea introducida en la realidad.

Lacan dice que en todo saber desarrollado ocurre eso: hay algo del nivel del error que hace que se olvide la función creadora. Ahí trabaja el psicoanálisis para restituir esto que es del nivel de la orthodoxa (de la verdad del sujeto) y es anterior al saber.

Si bien su primer acercamiento a Freud es la vía del narcisismo: presenta en Marienbad en 1936, el caso Aimée —su tesis doctoral—en donde ha incluido la mirada freudiana para trabajar con el narcisismo; dice que sin una teoría diferente del narcisismo no es posible abordar la psicosis. En ese congreso presenta por primera vez el Estadio del espejo uno de sus desarrollos más difundidos.

Lacan arrancará desde la lectura de Más allá del principio del placer, y recorrerá todo lo producido por Freud desde 1920 en adelante. A esa lectura le va a dar el sentido de insistir con el descentramiento del Yo, que los post freudianos habían colocado en el centro de la subjetividad individual.

Va a apoyarse en el juego de las terceridades para hacer eso.

(...) toda relación analizable, es decir interpretable simbólicamente, siempre está más o menos inscripta en una relación de tres. (...) nada se interpreta sino por intermedio de la realización edípica. Esto es lo que eso quiere decir. (Seminario 2. Simbólico Imaginario y Real. pág 8)

Desde aquí es posible desprender dos líneas para continuar. La primera: El método de la asociación libre, que pide al analizante que diga lo que se le ocurra, tiene algún parecido con el enunciado de Descartes: que el analizante diga lo que se le ocurre puede permitir que el sujeto emerja cuando habla, porque se digan cosas que no se pensaban decir. La segunda, si bien Lacan dice que es un pleonasmo (repetición excesiva), porque el lenguaje es en sí estructura, es que esto ocurre porque el Inconsciente está estructurado como un lenguaje (uno de sus axiomas más difundidos).

Para formalizar sus teorizaciones sobre el significante, Lacan partió de la lingüística estructural de Saussure. Aunque hizo de ella un uso instrumental, porque modificó muchas cosas de ahí, nunca dejó de reconocer de dónde tomaba los principios.

Básicamente quita la elipse que encierra el algoritmo, invierte las cosas: pone el significante arriba y el significado abajo, extiende la barra y la nombra como resistente a la significación y define que por lo menos ha de haber dos significantes. Habla de cadena significante en la que ninguno de los elementos tiene un sentido adosado (están vacíos porque solamente son parte de una sintaxis), y dice que como efecto del juego entre ellos es que puede aparecer un sentido.

Para explicar esto se apoya en la representación de las puertas de baños Caballeros-Damas, en donde muestra que a nivel del significado las puertas son indistintas, no hay diferencia, no es posible reconocer estas puertas si no es por el plano predominante, superior, que da el significante y que es el que efectivamente asigna a cada una de estas puertas el lugar sexuado. Es decir hay que saber otras cosas para interpretar qué significan esas letras en puertas que son iguales. Esto es: la cadena significante en funcionamiento.

Roman Jakobson había logrado una clasificación de las afasias, pensando, no tanto en el soporte biológico sino en el soporte lingüístico de las mismas. Descubrió que hay algunas afasias que se apoyan en el polo Metafórico y entonces el afásico tiene que suplantar con la metonimia lo que le falta de metáfora cuando habla, y las deficiencias del polo Metonímico, en donde el afásico debe suplementar esa deficiencia exagerando el polo metafórico.

Articulando los saberes del campo retórico con los estudios de Jakobson sobre las afasias, Lacan define como leyes de funcionamiento del lenguaje a la metáfora y la metonimia y las relaciona con los mecanismos que Freud había formulado  para el trabajo del sueño: La metáfora con la condensación y la metonimia con el desplazamiento.

La metáfora es lo que más se aproxima al sujeto. Eso nuevo que irrumpe con la metáfora, es el sujeto.

Encuentra que hay una alusión a la temporalidad, vinculada a la significación. El tiempo es la primera experiencia del hablar. Lo que decimos va constituyendo nuestro pasado, dice en Introducción del gran Otro.

Lacan recupera la noción del nachträglishkeit  freudiano (après-coup), el efecto retroactivo que Freud había encontrado a propósito del trauma. Con este esquema lee el chiste en Freud y va a ser la base para ubicar el deseo en la estructura, con un esquema que será conocido como el Grafo del Deseo.

Entonces plantea la relación entre sincronía diacronía:

Un eje Metafórico (ordenadas - Eje sincrónico) Metáfora - condensación - sujeto - síntoma.

y un eje Metonímico (abscisas - Eje diacrónico) Metonimia - desplazamiento - objeto - deseo

En Introducción del Gran Otro, Lacan comienza preguntándose ¿Por qué no hablan los planetas?, que encubre la pregunta acerca de ¿Por qué hablamos?, y luego de pasear por la comparación con algunos políticos (menciona a Hitler) los postfreudianos y la Ciencia Moderna, concluye en que hablamos porque tenemos un hiato, un agujero, una nada, y es esa falta la que hace posible que podamos hablar.

Pero no hay palabra posible sin una dimensión del lenguaje y esa dimensión es la del Otro, un Otro simbólico que es diferente del otro de la proximidad, del semejante, que a partir de ahora denominará pequeño otro y en su álgebra lo escribirá con a minúscula y al Otro simbólico, al Gran Otro, con A mayúscula.

Para explicitar esta diferencia entre la alteridad imaginaria y la alteridad radical, simbólica, construye el diagrama Lambda.

 

En este esquema muestra que hay una relación diagonalizada entre el Sujeto y el Yo (habla del sujeto de la apertura, el del analizante, el que no sabe bien lo que dice). El eje Imaginario y el Simbólico se cruzan en un punto al que Lacan llama Muro del lenguaje. Ese es el lenguaje materno, por lo tanto está agujereado, por lo tanto puede por ahí emerger el sujeto en cuanto profiera una palabra verdadera.

Por eso al psicoanálisis, no le interesa el sujeto que hace discurso, sino el que es hecho por el discurso, e incluso está atrapado en él: es el sujeto de la enunciación, dice en Lugar origen y fin de mi enseñanza.

Basado en el estatuto que Marx le otorga a la plusvalía, Lacan construye su propia versión del lazo social que produce la lógica capitalista. Desde allí emerge la tensión renovada entre el discurso analítico y los otros discursos: el del amo, el de la histeria y el universitario.

A diferencia de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, Lacan propone un Amo que nada quiere saber, acorralado entre el esclavo filosófico que intenta enseñarle algo y el sujeto histérico que le pregunta en qué podía ser él valioso para su goce.

Por más recalcitrante que sea el amo siempre termina contaminándose con los discursos de sus vecinos, haciendo sus mensajes más contradictorios.

La universidad, tomando el relevo del filósofo esclavo, no ha cesado de producir saber para el amo, hasta llegar a ser un saber de amo que expolia al proletariado del suyo.

Por su lado, el sujeto histérico logró infundir en el amo que la esencia del saber es sexual, despertando así un semblante de atención en el amo. (Cosa que ya había sido captada por Freud: la relación entre saber y sexualidad)

El mercado, jugando con el temor a la falta que cada quien pueda experimentar, ofrece productos con los cuales cada uno puede olvidar esa falta —inherente al sujeto hablante— que no puede ser colmada por ninguno de tales productos ofrecidos, ni por nada, porque simplemente no puede ser colmada, ya que se trata de una falta estructural.

La estrategia del mercado consiste en volver a ofrecerles otro objeto, respondiendo a la lógica metonímica del deseo. Esta lógica de la obsolescencia de los objetos que se articula más acá del deseo, precipita el movimiento de toda la economía.

El psicoanálisis intenta conectar al sujeto hablante con su propio deseo. El neoliberalismo trata de que ese deseo sea sustituido y se obture consumiendo objetos que fabrica a medida, según la metáfora del mercado a la que rinde sus honores. Es posible leer ahí una tensión de fuerzas inconciliables. Una batalla soterrada que va haciéndose más y más visible a través de las sucesivas crisis del capital por un lado y de las instituciones psicoanalíticas por el otro.

 © Daniel Krichman H. Septiembre 2021

BIBLIOGRAFÍA

Koyré, Alexandre. Estudios de Historia del Pensamiento Científico, cap. “La revolución científica del siglo XVII”, Editorial Siglo XXI México 1982.

Lacan, Jacques. Seminario II El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica , Cap. II “Saber, verdad y opinión” Paidós Editores Barcelona 1984.

Lacan, Jacques. Seminario II, El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica, cap. XIX “Introducción del gran Otro”  Paidós Editores Barcelona 1984.

Lacan, Jacques. Seminario III “Las psicosis” Cap. XVII “Metáfora y Metonimia”(I) y Cap. XVII “Metáfora y Metonimia” (II) Paidós Editores Barcelona 1984.

Milner, Jean Claude. La Obra Clara. Lacan, la ciencia, la filosofía. Cap. II “El Doctrinal de Ciencia.” Manantial Buenos Aires 1996.

Milner, Jean Claude. “El Paradigma” en El periplo estructural Amorrortu Editores Buenos Aires 2003.

Koyré, Alexandre. Introducción a la lectura de Platón. “El Menón” Alianza Editorial Madrid 1966.

Lacan, Jacques. “Lugar, origen y fin de mi enseñanza” en Mi enseñanza Paidós Buenos Aires 2004.

Lacan, Jacques. “Breve Discurso en la ORTF” en Intervenciones y Textos 2 Manantial Buenos Aires 1993.

Lacan, Jacques. El triunfo de la religión Paidós Buenos 2005

Lacan, Jacques. “La Instancia de la letra en el Inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos I Siglo XXI México 1976

Franch, Héctor. Nota sobre la emergencia del sujeto en Descartes. Ficha de cátedra 2013.

Franch, Héctor. “El porvenir del psicoanálisis en relación a lo real en Lacan” en I Congreso Internacional de Psicoanálisis.. Universidad Nacional de Rosario. Facultad de Psicología. Laborde Editor. Rosario 2018.

Aoullié, S. y otros.  “Manifiesto por el psicoanálisis” Introducción, capítulo 1 y capítulo 5. S & P Ediciones Madrid 2013.

 

viernes, 2 de julio de 2021

Interrumpir la organización calculada del fracaso cotidiano

¿Qué es el psicoanálisis? Cortito y al pie.


 #ministerioeconomialibidinal
#CAP
#alejandrobenedetto

domingo, 13 de junio de 2021

Todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos

 Todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos (Juan de Mairena)... Así recibíamos hace 5 años a quienes habían sido convocados por la propuesta del Social Media Inclusive que hicimos en la Plataforma Lavardén de Rosario. Para hacerlo, tomamos prestadas las palabras de este gigante que se nos acaba de ir: Jesús Martín Barbero. El encuentro con este Maestro fue siempre una guía clave para todo lo que hice, durante muchísimos años, incluyendo ese evento, en particular, que acabaría cambiando la orientación de mis intereses para acercarme un poco más a mi deseo. Aquel encuentro fue abierto por la disertación de Ángel Fernández. A partir de allí vino su invitación a participar del Curso Anual de Psicoanálisis y ese camino me llevó a cursar la carrera de Psicología, que tanto me gusta y disfruto. ¿Qué más decir? Hoy la tristeza me llena el alma. Soy, he sido y seré deudor de tus enseñanzas, Jesús Martín Barbero. Gracias, gracias, gracias.

 


miércoles, 10 de marzo de 2021

¿Qué es y porqué apareció el psicoanálisis como discurso?

¿Qué es el psicoanálisis? ¿Por qué apareció y cómo? Vilma Coccoz parte del texto El malestar en la cultura y construye desde ahí toda la articulación, apelando a una enorme frescura en la transmisión, lo que convierte al relato en un viaje atrapante. Ojalá lo disfrutes como yo.

 


sábado, 3 de octubre de 2020

El lugar que se pierde

 

 
Después de siete años, volví a ver la primera temporada de En Terapia, esta gran serie dramática que en su país de origen se llamó In treatment. Siempre las dramatizaciones de los conflictos que arman las relaciones humanas, los modos como se despliegan y se resuelven, tienen para mí un enorme interés. En los pliegues del cómo se cuenta, es posible ver cómo se subraya o se deja entrever lo del dolor o lo del amor que no puede ser puesto en escena. Esta vez me di cuenta que, además de mirar eso, podía pensar otras cosas. 
  
El mecanismo de trabajo que se despliega en el relato de la serie, la forma como analista y analizante se relacionan, sigue el modelo de la psicoterapia norteamericana, es decir, del sentido común. Los problemas que atraviesan a los diferentes personajes, son conflictos del Yo. Ocurren en esa instancia y pueden corregirse cambiando algunas cosas en ese plano. Se trata siempre de hacer algo o dejar de hacer algo. Eso nada tiene que ver con el Psicoanálisis, empezando por subrayar que a lo largo de las historias, está borrada la incidencia determinante que el inconsciente tiene en la afectación de las situaciones que se despliegan. 
 
Si bien es cierto que en ningún momento se dice que se trate de psicoanálisis, tampoco se dice que no lo sea. Este es el segundo aspecto que quiero puntualizar. Esa estrategia de dejar que la gente crea, de mantener la prescindencia a rajatabla donde hay divisoria de aguas, forma parte de la política de la confusión, que conocemos aplicada a muchos campos. En el terreno que nos ocupa, intenta neutralizar el efecto irritante que el psicoanálisis tiene para el modelo cultural que se irradia desde los medios masivos. Promover el encuentro deseante con el otro y con lo propio, no se parece en nada a satisfacerse apelando al consumo, sea este de sustancias, de personas o de objetos. 
 
Dicho esto, quiero detenerme en un punto de conflicto que ocurre en la cima de uno de esos relatos. La situación muestra cómo opera el amor de transferencia, del lado del analizante y cómo responde (o debería hacerlo) el analista, con su deseo de que la palabra se despliegue y ocupe el espacio. Veremos que — según cómo se resuelva esta tensión— podrá sostenerse o no el lugar del analista y ser conquistada la posibilidad de que el hecho analítico finalmente ocurra. 
 
Dentro del reel de la primera temporada, una de las historias que se cuentan en la serie, trajina lo que le ocurre a Guillermo (el analista, en la piel de Diego Peretti), cuando Marina (analizante y médica, que interpreta Julieta Cardinalli) le declara abiertamente su amor. Desaforadamente, podría decirse.
 
Probablemente uno de los lugares más difíciles de transitar para el analista, sea el de sostener la transferencia. Esa cruz, como la llamó Freud, en un sentido puede leerse como el amor del analizante. Un amor que a todas luces, no tiene destino. No puede tenerlo. Le toca sostener lo que abre, sin involucrarse, sin olvidar que el único sujeto de la sesión es el analizante y que la función del analista es apuntalar ese espacio para que el dispositivo opere. Podrá decirse que funcionó cuando, al final de un recorrido, el analista termine puesto afuera de eso que estuvo circulando allí adentro.
 
Germán García ironizaba sobre esta cuestión, diciendo que no había problemas en que analista y analizante terminaran en la cama. Sólo que ya no habría más posibilidad de análisis allí. 
 
Un desliz, en este punto, puede empujar a la debacle. Y no necesariamente tiene que ser consecuencia de la puja narcisística, ante el propio deseo. Uno podría preguntarse ¿Tiene derecho el analista a dejarse llevar cuando la analizante (en este caso) le dice desembozadamente su amor? Lo pulsional —sabemos— no sigue la regla del derecho. Entonces, ¿es amor lo que desencadena semejante declaración? Y si lo es, ¿de qué tipo de amor se trata? Seguramente no tendremos una respuesta única, porque dependerá del deseo de analizar del analista y de cómo lea él mismo lo que está pasando.
 
Hay que pensar que también para el analista se ponen en marcha fuerzas poderosas que empujan hacia la satisfacción del deseo. Ser sujeto de la pulsión (en el sentido de ser sujeto sujetado, es decir: tomado como objeto, como lo pensaba Althusser), no funciona solamente para el analizante. Por eso la técnica, que sirve muchas veces para navegar en aguas turbulentas, algunas veces puede ayudar a que no se pierda el rumbo. O el lugar, en este caso. 
 
Aunque Marina carga con toda la artillería que tiene, en algún momento de la historia, Guillermo le explica que él no puede responder como ella espera, porque eso sería transgredir los límites éticos que dan marco al análisis. ¿Qué está diciendo? Que no se puede pecar, pero que el pecado existe. Eso es lo que no enuncia, pero pareciera estar implícito. El recitado monocorde de la regla pretende sostener la prescindencia, después de la embestida amorosa. Pero la pulseada está perdida de antemano. El semblante de Guillermo está perforado. Se le nota claramente que trastabilla. 
 
En este punto es donde aferrarse a la técnica podría ayudar: Si en lugar de la explicación (que siempre deja una puerta abierta para que del otro lado se construya la promesa), la devolución viniera por la vía del extrañamiento, la arremetida quedaría desorientada. 
 
 — Estoy enamorada de vos ¿no te diste cuenta? 
— ¿Y?
 
Una respuesta desde el extrañamiento podrá ayudar a indicar a la analizante, devenida amante, que no es ahí donde tiene que poner la libido. La respuesta no está diciendo: yo soy el analista, eso no se puede. Está haciendo: yo soy el analista, no el objeto
 
La delgada línea que separa uno y otro escenario es donde se juega el gran desafío: que la ocurrencia de los hechos no se vaya por el peor camino y que el lugar del analista pueda ser conquistado. En lo que muestra el episodio: Este analista queda en el peor lugar, y en el mismo momento que acepta darle un destino a lo que no lo tiene por definición, la histeria muda a la demandante a otro lugar que no es ese, donde Guillermo, y no el terapeuta, en algún momento, pensó que la encontraría. 
 
Daniel Krichman H. es miembro del CAP Rosario desde 2016. 
 
Puede verse el episodio de En Terapia en https://youtu.be/4eW8cC5TbSM

domingo, 16 de febrero de 2020

El deseo sexual, si es recíproco...

El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hacen frente al resto de complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos.
El plan establecido es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor.
En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida.
Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo.
El cuerpo humano realiza proezas, posee gracia, picardía, dignidad y otras muchas capacidades, pero también resulta intrínsecamente trágico como no lo es ningún cuerpo de animal (ningún animal está desnudo). El deseo anhela proteger al cuerpo amado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz.
La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar de excención, necesariamente temporal, de la herida incurable de la que es depositaria la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites (hablar de "volver al útero" es una vulgar simplificación).
Tocar una pierna con mano de amante. Que sea para excitar o para relajar no supone diferencia alguna. El tacto aspira a alcanzar, más allá del fémur, la tibia o el peroné, el propio corazón de la pierna, y el amante al completo espera acompañar ese gesto y habitar en él. La pierna de Giacometti, la de la piscina de Eastbourne, tiene que ver (entre otras cosas) con el deseo.
No hay altruísmo en el deseo. Al proncipio están implicados dos cuerpos y la excención, siempre y cuando se logre, les protege a ambos. La excención es inevitablemente breve y, sin embargo, lo promete todo. La excención suprime la brevedad y con ella las penas asociadas a la angustia de lo efímero.
Ante la mirada de una tercera persona, el deseo es un breve paréntesis. Desde dentro, una inmanencia y una entrada en la plenitud. Normalmente la plenitud se considera una acumulación. El deseo revela que es un despojamiento: la plenitud de un silencio, de la oscuridad.


John Berger de Esa belleza

miércoles, 25 de diciembre de 2019

La Gracia del Margen

Celebración del 75º cumpleaños de Germán García, en la puerta y el interior del la librería El Juguete Rabioso Libros, de Rosario