martes, 23 de julio de 2019

Influencer

La figura del Influencer, en las redes sociales, es una de las que más dificultades presenta a la hora de intentar precisar su función. No se trata de un simple manipulador de influencias. Tampoco es alguien que vende ni promueve cosas. Necesita, primero, ser creíble en una materia o tema de su dominio. Y a partir de allí puede ser alguien influyente como prescriptor para eso, acerca de lo cual tiene un saber.

Las empresas se sirven de tal condición y se muestran dispuestas a pagar para que esa persona haga alguna cosa o se muestre condescendiente con lo que a ellos les interesa vender. Nunca se pide una recomendación directa. Lo esperable es que eso que se prescribe aparezca como formando parte del Ser o de los hábitos de quien lo dice o hace.

Que todo eso ocurra mediado por imágenes, agrega potencia a la intervención, posiblemente por la  sobrevaloración que normalmente hacemos de aquello que se nos presenta con este formato. Las imágenes representan apelaciones a nuestros lazos primordiales con el mundo exterior. Percibimos imágenes mucho antes de tener disponibilizada la palabra. Después va a ser necesario que les pongamos palabras adentro, para que las podamos ver como imágenes, pero este es otro tema.

A menudo circulan en la Web —  océano de contradicciones y  malentendidos — comparaciones capciosas, siempre destituyentes, que critican lo digital desde la vereda de lo analógico, diciendo por ejemplo: Un influencer es una maestra que consigue, al final del año que veinte de los treinta chicos que tiene, se conviertan a la lectura. Error. Ese podría computarse como un logro del empeño docente, pero tiene poco que ver con la función de un influencer. Burdamente ejemplificado, sería equivalente a desmerecer el agua pensando que es hielo sin consistencia sólida.

El Influencer es un espécimen de la fauna virtual y no es convertible al código analógico, entre otras cosas, porque en el plano analógico, el cuerpo, funciona de otra manera.

Nos falta pensar desde dónde y cómo se sostiene su credibilidad. O dicho de otra manera ¿que fantasía/demanda colectiva satisface, para que muchos residentes virtuales sientan allí expresada su propia voz?

En Psicología de las Masas y análisis del Yo (1921), Freud explica que en la masa se produce un fenómeno de identificación con el líder por vía de la infección psíquica, en donde la identificación prescinde por completo de la relación de objeto con la persona copiada. Un querer o poder ponerse en la misma situación. Hay, dice, una importante comunidad afectiva y esa comunidad reside en el modo de la ligazón con el conductor. Es un modo de ligazón que prescinde de la relación de objeto. No lo ama libidinalmente, sino que quiere estar en ese lugar. Esa es la diferencia. Más adelante va a comparar la hipnosis con un fenómeno de masas de a dos.

Desde la perspectiva del deseo, el que se identifica a otro, desea el deseo del otro. Quiere lo que el otro dice que quiere.

Hasta aquí, tenemos pistas acerca de cómo se arma el sistema de relaciones y ligaduras conductor/conducido, influenciador/influenciado y sabemos además que ocurre como parte del propio funcionamiento de la subjetividad. Abunda decir que no es una consecuencia de la masificación de la digitalidad, ya que es anterior a la existencia de las redes sociales. En todo caso podría anotarse que las redes sociales operan sobre el funcionamiento efectivo de este lazo.

Queda por indagar respecto a la fertilidad o no del territorio de la virtualidad, para que proliferen los que hoy se llaman Influencers.

En la red se pone la voz y la palabra, a través de la escritura o de los registros fónicos, como en el plano analógico, pero el cuerpo se pone de otra manera. No es que no haya cuerpo en la virtualidad. Lo hay, pero lo que no hay son consecuencias sobre el cuerpo. Se habita el espacio virtual sabiendo que supone cierta garantía de impunidad al respecto. Que allí el cuerpo no paga. Aquello de lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero, no tiene posibilidades de ser actualizado en la Web.

Si cruzamos esto con la proliferación de la insignificancia (el nada importa, nada significa nada), modelo de subjetividad que inunda cada vez más los espacios virtuales; este vacío de consecuencias abre la posibilidad para el disparate liso y llano con la consiguiente naturalización de lo que se haga, que habrá de aparecer ante nosotros con la etiqueta producción de contenido.
Su nombre en Instagram es Belle Delphine, es británica y tiene 19 años. Una reconocida Influencer de Instagram. Pertenece a la franja de los productores de contenidos que trajinan las redes sociales. En su caso tiene más de 4 millones de seguidores. Sus creaciones incluyen, por ejemplo, vender el agua en la que se baña. Por supuesto, ella aclaró que se trataba de «agua no potable, sino para fines sentimentales».
Producción de contenidos es una expresión vaga, sobre todo en relación a lo que cada uno pueda ver en los medios. Más allá de las discrepancias que se encuentren, está claro que no es posible producir contenidos al margen de una ideología y por lo tanto de unos anclajes morales. Se está en alguna vereda, no parado sobre la nada, aun cuando no se declare esa ideología o se la disimule.

Un abra Patricia

En medio de esa idiocia social extendida, que pareciera socavar y contaminar todo, en las redes sociales hay burbujas de oxígeno que conviene tener ubicadas.

Un abra, en el bosque, es un espacio sin vegetación, que permite ver el cielo. En las sierras es la apertura entre dos laderas, desde donde puede verse una pampa. Es la versión criolla del oasis. En los dos casos significa la posibilidad de tener frente a si algo distinto a lo que hay donde se está parado. En algún sentido, algo opuesto.

A veces me pregunto para quien escribimos en este sitio. O mejor expresado: ¿para quién escribe cada cual en este sitio? Sé que mi muro es un yotivenco enorme con un patio concurrido donde muchas veces mi posteo sirve sólo de base del intercambio entre muchxs, que a veces me excede y otras ni siquiera me necesita.
Creo que casi siempre puedo anticipar a quienes me dirijo.
Intuyo, conozco, me fijo.

Patricia Calo Lustres no tiene la etiqueta de Influencer, probablemente no le preocupe tenerla, pero técnicamente actúa en Facebook, como tal.

— Uso facebook desde el año 2009. No fue un descubrimiento, sino un registro creciente de que en mi muro había una dinámica singular de vinculación conmigo, y entre muchas personas que me leían a diario.

— No sé si podría decir con claridad la sucesión cronológica de hechos que permitan visibilizar el proceso. Al inicio compartía poesía, soy una voraz lectora de la misma, con el agregado de fotos muy particulares cuya búsqueda me llevaba mucho tiempo.
De a poco fueron apareciendo mis opiniones políticas, sobre feminismo luego, y más recientemente crónicas de la vida cotidiana y algunos textos que escribo. Creo que fue en este último tramo donde mi imagen se hizo más  cercana y comenzó una forma de interacción más amigable.

 — Actualmente un promedio de 2 horas diarias. Antes le dedicaba más, pero es tanto el movimiento en mi propio muro que me dedico con exclusividad casi absoluta a responder los comentarios que hay allí. Me resulta prácticamente imposible visitar muchos muros ajenos, excepto algunos que me interesan muy puntualmente.

Habitualmente dedico un rato más largo por las mañanas, antes de irme a trabajar, y por la noche otro rato, al volver a casa del trabajo. En medio de esos segmentos más largos, hago visitas fugaces.

Así como un Influencer mide —registrando estadísticas— las devoluciones que recibe, a los efectos de mantener el rumbo de su actividad, Patricia se pregunta por el decir de los otros a través de los comentarios, porque, — aunque declaradamente fuera del contexto clínico —, está ubicada en el lugar de ser causa de los comentarios que recibe.
No estoy hablando de los contenidos esta vez, hablo del auditorio. Me causa mucha intriga cuando leo textos tan puntuales, personales o de información de la que sea, y me pregunto: "¿a quién se dirige? ¿qué piensa quien escribe tal o cual cosa que va a causar y en quienes?"
Siempre hay un resto enigmàtico acerca de lo que puede causar un posteo, un efecto imposible de calcular de antemano. Aún así suelo preguntarme muchas veces por este sitio: "¿a quién le habla?"
Me resulta inquietante imaginar hasta quienes puede llegar lo que escribo, y me pregunto si sólo me pasa a mí cuando leo cosas tremendamente íntimas, eso de andar pensando a quien creen que le escriben. O cuando leo información muy puntual también.
¿Pensaron a quiénes se dirigen o ni lo piensan?
No sé, es un nudo que tengo en el marulo.

La pregunta difícil de responder es ¿de qué sabe tanto como para que mucha gente, a diario, replique sus publicaciones o las comente?, o para decirlo en otros términos, que la gente sienta —identificación mediante— que en ese muro puede expresarse, puede decir lo que piensa. Puede ser alojada.

Está claro que no hay una respuesta unívoca para esta pregunta. En todo caso importa señalar algunas continuidades que operan en este espacio de identificaciones.

En este muro se puede hablar. Hay alguien que escucha, y a menudo responde con algo más que emoticones o monosílabos. En este muro hay otros que dicen cosas que yo diría o podría haber dicho.

¿En qué otro espacio es posible hablar y percibir que uno puede hacerlo sin ponerse en peligro? ¿No es esta una de las peculiaridades del espacio analítico? Sin que esto signifique establecer una comparación (odiosa), y recordando siempre que estamos fuera de la clínica, es indudable que el efecto confianza que ofrece el influencer en lo suyo, tiene una buena equivalencia aquí.
    
— Siempre me cuidé mucho de no estar en función analista en la red. Mucho. A veces me resulta inevitable apelar a algunos conocimientos que tengo del psicoanálisis, pero en la red intento, no sin algunos fallidos, que sea mi yo quien interactúe. Tal vez interprete algunas dinámicas de lo que allí ocurre desde mi campo de saber, pero me lo reservo. Intento que la analista no se cuele.

Finalmente ¿qué prescribe Patricia, que forma parte de su Ser imaginario?

— Yo encuentro un intercambio muy enriquecedor con mis contactos. Aprendí muchísimas cosas sobre montones de campos de saber que ni intuía que existían. Por ejemplo: En mi muro comentan personas que vienen del juego político, muchas feministas, artistas, científicos. Hasta hay un visitante asiduo que es experto en cálculo neutrónico: campo de saber cuya existencia ignoraba.

— Creo que por sobre todas las cosas: hallan a otros. Tengo una particular habilidad para conectar gente, y en mi muro casi siempre hay alguien escribiendo, aún de madrugada. Eso promueve ese intercambio singular entre ellos, se sienten leídos por alguien siempre. Es ese "siempre hay alguien" lo que mejor define mi muro en Facebook.

Nada que sea mercadeable. Nada que se pueda conseguir acá o allá.  Y mucho que remita al fortalecimiento del lazo social puesto en función de restituir prácticas ciudadanas. Donde sea posible disentir sin sentir que se está en peligro.

— Es, y ha sido siempre, un tema difícil. Ahora es un poco más claro: saben de mí y no hace falta que diga explícitamente donde están las vallas. Se autorregulan entre todos. Los límites siempre han sido parecidos: no tolero agresiones hacia mí ni hacia otro contacto. No admito comentarios misóginos, fascistas, nazis o que ataquen al colectivo LGTB. Tampoco tolero ataques personales relacionados al aspecto de nadie.

— Si, incluí en mi vida a mucha gente que conocí a través de la red. A mucha. A otros que conocí personalmente no forman parte de mi vida real, pero siempre fueron gratísimas experiencias. Eso en lo personal.
También participé mucho de actividades, eventos, etc. de algunos contactos. De hecho ahora estoy armando un taller presencial con temática feminista, con mujeres que son contactos.

Las redes sociales, pueden ser espacios asfixiantes si uno se sube a ellas sin una brújula en la mano y algunas cosas claras respecto a lo que quiere, lo que merece y lo que espera de la relación con los otros. Como en muchos aspectos de la Vida, hay ahí un espacio para configurar, cosa que no siempre resulta fácil de hacer. Pero es tarea de cada quien acometerlo. Es necesario enredarse.

viernes, 5 de julio de 2019

Frontalidad en el modelo de aprendizaje

Se refiere a pensar la Web 2.0 como un modelo de facilitación del aprendizaje.




Más información: vínculo a la entrada original

martes, 25 de junio de 2019

Distancias - Nueva etapa

Hace doce años, el texto lateral que presentaba este espacio decía:

Distancias

Mientras la tecnología, con la Web 2.0 a la cabeza discurre acerca de la integración de lenguajes, componentes y herramientas, la educación real, empujada por los valores que sostiene el capitalismo real, se debate en su caída (irremediable, al menos en el formato que le conocemos) en términos de distancias. Distancia respecto al mundo y las problemáticas que describen los textos con que se educa y que poco y nada tienen que ver con el que viven los actores (docentes y educandos). Distancia lingüística y cultural que proviene de la diferencia entre prácticas y consumos a los que la mayor parte de los actores (docentes y educandos) no acceden. Distancias tecnológicas, que no se derivan tanto de la incapacidad de consumo como de los condicionamientos que generan las anteriores privaciones. Por aquí van mis preocupaciones.


Doce años en el Siglo XXI es mucho tiempo como para suponer que se ha tratado solamente de una pausa. A partir de esta nueva época espero poder mirar esas y otras distancias, con las herramientas del psicoanálisis. Y lo más importante, espero que podamos conversar y encontrarnos en este espacio, tanto como sea posible.

domingo, 6 de junio de 2010

Pisa con cuidado

Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
recamadas con luz dorada y plateada,
las telas azules y las tenues y las oscuras
de la noche y la luz y la media luz,
extendería las telas bajo tus pies;
pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he extendido mis sueños bajo tus pies;
pisa suavemente, pues pisas mis sueños.
William Butler Yeats



miércoles, 12 de mayo de 2010

Distancia lingüística y discriminación

Esta peli fue posteada en Facebook, desde YouTube. Dos de los mayores centros de direccionamiento de tráfico que existen hoy en la Web. El título ya invoca una mirada. El paso siguiente, tras mirar el video, es armar la sentencia: Es tonta porque no entiende la tecnología. Más allá de que las situaciones que se producen son desopilantes, es imposible no sentir cierta compasión por la desorientación de Maruja, a quien -seguramente- las tecnologías han de resultarle cosas incomprensibles.
También es probable que algún buen tecnofóbico termine cargando el problema de la impermeabilidad de Maruja a la complejidad de la tecnología. No hay tal cosa. La tecnología lo que hace aquí es amplificar la difusión del episodio. No es la responsable de que una persona no comprenda qué sucede cuando se encuentra en medio de un delay.
El sonido y la imagen viajan a velocidades diferentes. La luz a 300 mil km por segundo y el sonido a 333 metros por segundo. En la imagen televisiva, el sonido viene encriptado junto con la imagen para que llegue sincronizado (de otro modo sería imposible entender algo).Mirar la misma escena por dos medios diferentes (teléfono y televisión), agrega ruido al mensaje porque superpone esta diferencia en la recepción del mensaje. Si además desde el televisor se escucha el rebote del teléfono debido a los propios problemas de la transmisión, es comprensible que quien no está familiarizado con ese mundo no entienda lo que está pasando. Pero no entender no lo hace un tonto. Es simplemente alguien que no entiende. Maruja, por lo que parece es una persona mayor. Está claro que no tiene capacidades para metabolizar cuestiones tecnológicas, pero seguramente tiene otros saberes, porque ha vivido.
Habría que pensar aquí qué tipo de educación estamos haciendo que termina alentando este modo de discriminación entre quienes tienen facilidad para relacionarse con la tecnología y quienes no la tienen, como si el saber tecnológico tuviera un valor de privilegio por sobre los otros. No se trata de un tema menor si pensamos que el dispositivo donde se lo sube (ya enjuiciado), entre otras cosas puede distribuir en pocos minutos el incidente de Maruja a lo largo y a lo ancho del mundo, sin que ella preste consentimiento ni se entere.
Aquí tenemos un buen ejemplo de cómo funciona el Tercer Entorno (3E) del que habla Javier Echevería. La información fluye de un punto a otro. No importa si al llamar a un programa de televisión o postear algo en el Twitter lo pensamos o no. Tampoco importa si tuvimos la intención de que nuestro mensaje quedara en un ámbito acotado. La conectividad plantea reglas de juego salvajes: todo lo que se sube al flujo de información puede ser tomado y usado a juicio de quien lo toma. ¿El sistema educativo está pensando en eso?


lunes, 26 de abril de 2010

Tecnicidad con diversidad


Jesús Martín Barbero habla de tecnicidad, reivindicando la idea de la técnica que hace sistema con el entorno y cómo interactúa con la explosión de las diversidades.

Dejo dos citas aquí, tomadas de su intervención del 22 de abril de 2010 en la Universidad de Vic.

La relación entre dos ámbitos de transformación profunda de nuestras sociedades: de un lado la transformación tecnológica y de otro el estallido de las identidades. Para que esto no suene tan distinto, no por snobismo sino para ir acotando el sentido de las palabras, yo suelo utilizar la palabra Tecnicidad, para no hablar de técnica por todo el lastre instrumental que acarrea en occidente esta palabra, ni de tecnología, porque la expresión se movió en el mundo académico, muy atrapada por su relación con la ideología.

La palabra tecnicidad tiene su origen en la antropología francesa, anterior a Levi-Strauss. Las técnicas en las culturas que llamamos primitivas, siempre fueron sistemas. Nunca fueron un conjunto de herramientas y un conjunto de saberes, sino un sistema con las relaciones de parentesco, con los mitos, con los ritos y a esta técnica como sistema se la llamó tecnicidad. Me parece muy importante que la técnica hoy se parezca y suene fonéticamente como identidad, como sociabilidad. Hablo de la mutación de la tecnicidad y el estallido de la identidad.

Uno de mis maestros, Raymond Williams, de la escuela de Birmingham, a quien yo empecé a leer en los setenta, dijo en una de sus últimas obras: El pensamiento actual, acerca de las relaciones entre cultura y tecnología llega mayoritariamente a conclusiones desesperanzadas y se detiene. Los conservadores culturales dicen que la televisión por cable es la última ofrenda de la Caja de Pandora y la transmisión por satélite corolará la Torre de Babel. Al mismo tiempo, una nueva clase de intelectuales que dirigen los centros en que operan las nuevas tecnologías culturales e informáticas, hablan confiadamente de su poducto. Ninguna de esas posturas es un suelo firme. Lo que tenemos es una pésima combinación de determinismo tecnológico y pesimismo cultural. Así conforme una tras otra las viejas y elegantes instituciones se ven invadidas por los imperativos de una más dura economía capitalista, no resulta sorprendente que la única reacción sea la de un pesismismo perplejo y ultrajado porque no hay nada que la mayoría de esas instituciones nobles (incluida esta institución llamada Universidad), quieran ganar o defender más que el pasado, porque un futuro alternativo traería precisa y obviamente la pérdida final de sus privilegios.

lunes, 18 de enero de 2010

Imágenes del naufragio

Quiero empezar diciendo que me da trabajo escribir este post. Le resulta doloroso a mi ser de otra época pero lo hago en nombre del que soy ahora, comprendiendo que aquello no está más y habitamos una realidad distinta.

En nombre de aquel me gustaría no verme más en medio de una situación como la que me tocó vivir hace unas semanas atrás. En nombre de éste que soy ahora estuve ahí, quiero contar los hechos y dejar publicado mi análisis, porque no encuentro mejor manera de resistir.

A mediados de diciembre último respondí por mail una convocatoria local a voluntarios que quisieran pasarse un rato, leyendo cuentos para alguien, como parte de un plan de pomoción de la lectura. El tema tiene que ver conmigo, de modo que rápidamente me sentí involucrado. Fui recibiendo todas las instrucciones por mail: La dirección del encuentro (me tocó finalmente un hogar de menores madres), la confirmación de que me iban a estar esperando, el nombre de los otros voluntarios que estarían también allí, el día y la hora exactos. Me pidieron que eligiera el texto y lo comunicara previamente y yo pedí ser el que iniciara la rueda porque, espíritu docente al fin, quería, además de leer, intentar sembrar algo más, tratando de relacionar el hábito de la lectura con la libertad, con el crecimiento interior, con el ensanchamiento de la experiencia perceptiva.

Elegí llevar unos cuentos de El libro de los abrazos de Galeano que me sugirió la @p0nja, cuando pregunté por Twitter. Ensayé mentalmente lo que iba a decir y allá me fui. Diluviaba.

Cuando llegué, me presenté y dije que venía a leer. La persona que me recibió, apenas sonrió. Cerró la puerta detrás mío y me indicó una sala diciéndome: es acá, antes de desaparecer.
En el lugar había una mamá con sus cuatro pequeños y un matrimonio de voluntarios, que también habían llevado a sus niños.

No había menores madres, las pocas que vimos cruzaron una y otra vez la sala, avisando que se iban a dormir o buscando alguna respuesta. Después de un rato decidimos empezar a leer los cuentos que había, para los niños. Entonces llegó otro matrimonio de voluntarios.

Creo que todos hicimos nuestro mejor esfuerzo y el resultado fue que los pibes pasaron casi dos horas haciendo algo distinto ese sábado. Pero no fuimos a eso. Yo al menos, que estrenaba mi participación en el programa. Luego supe que los otros dos matrimonios eran personas vinculadas laboralmente a la empresa que organizó la jornada.

También supe que ninguna de las chicas había bajado a escuchar la lectura porque estaban castigadas (a raíz de algún conflicto interno) y, probablemente como represalia, eligieron irse a dormir a la hora del encuentro. El peor camino: me privo de algo, creyendo que con ese mecanismo puedo castigar al que me hace daño. Hay una gran oquedad ahí y sin embargo no es lo más preocupante. En todo caso, ese modo es el resultado de una subjetividad estragada por la marginalidad y la violencia. Ellas están allí porque son los eslabones más débiles de un cadena que se ocupa prolijamente de que siempre paguen los jóvenes. En este caso, jóvenes mujeres.

Son, a todas luces, las que más perdieron en esta experiencia, que curiosamente fue organizada para ellas. Sin embargo, no faltará a quien le desagrade este análisis. Esas pibas que faltaron a la cita con los que fuimos a compartir un pedazo de nuestro tiempo, son la viva imagen del naufragio: todo es consecuencia y hay poca verdad en el juego de sus vidas. Lo que hicieron, lo que no hicieron, lo que hacen o no hacen, es tan débil frente a la pinza del dispositivo que las mantiene en la marginalidad, que posiblemente hasta crean que se trata de un destino.

Todo está armado para que funcione de ese modo. El Estado (provincial, municipal) dice que en esa institución se ocupa de dar contención a madres jóvenes. En los hechos, aquel sábado, pareció funcionar como un depósito. Ningún profesional que tuviera la responsabilidad de cuidar la salud de las personas que se alojan allí, podría explicar porque se usan métodos carcelarios para resolver conflictos. Porqué no hubo un directivo para recibirnos. Porqué no hubo ceremonia. No porque fuéramos importantes, sino para hacerle un espacio al evento, para recortarlo, para investirlo de valor. O simplemente pensando en la posibilidad de mostrarnos que les importa mejorar la calidad de lo que le ofrecen a las pibas, y que saben hacer un uso inteligente de lo que tienen a mano.

En lugar de eso, sin la ceremonia más elemental del recibimiento, la presentación y la despedida, nos dejaron que hiciéramos lo que quisiéramos. Cuando llegó la hora de la merienda, el mensaje prácticamente fue: se tienen que ir porque hay que tomar la leche. ¿Qué idea tendrán en la institución de lo que es resocializar?

Para la empresa organizadora, la jugada es otra y produce los beneficios que busca. Ellos hacen una crónica brillante (es indiscutible que la organización formal funcionó perfectamente) que colgada en Internet, nos menciona, deja constancia de su agradecimiento por nuestra contribución, y muestra su Responsabilidad Social Empresaria, eludiendo prolijamente cualquier consideración sobre los efectos de poner alimento para los hambrientos en un recipiente desfondado. Queda esta discusión para hacerla en un foro específico.

Mientras tanto, las pibas, las mujeres tempranas del Hogar de Menores Madres de Rosario, emocionalmente no pudieron recibir nada de lo que se les ofrecía y fue armado para ellas.
Afuera el diluvio insistía. Adentro, el naufragio.

martes, 7 de abril de 2009

Los pobres y el oximoron


Vamos, vamos, cálmate, ya sabes que los pobres gritan, es una de sus características, una invariable histórica y geográfica, gritan desde siempre y en todo el mundo, y gritan más cuanto más rodeados están de pobres, los pobres, porque ellos también gritan, para hacerse oír, ¿comprendes? Los pobres tienen los tabiques finos. Y sueltan muchos tacos, es cierto, pero sin mala intención, tranquilízate, y cuanto más hacia el sur baja la pobreza, más sexuales son los tacos y más religiosos, o ambas cosas a la vez, pero naturalmente, por así decirlo, porque no te has cruzado en su camino para explicarles que eso está mal.

Mira, ya en mi infancia, los pobres de mi aldea decían «La puta Virgen!», no paraban de decir «¡La puta Virgen!», el «Porca madonna» de los pobres llegados del gran Sur italiano, y sin embargo nada le reprochaban a la puta del sábado por la noche ni a la Virgen María del domingo por la mañana, era un modo de hablar, cuando se daban un martillazo en los dedos, ¡eso es todo! Un martillazo en el índice y, hala, un pequeño oxímoron:«¡La puta Virgen!»... ¿Sabías que los pobres practican el oxímoron? ¡Pues sí! ¡Es algo en común entre nosotros, ya ves! Nosotros el bolígrafo, ellos el martillo, pero juntos el oximoron. Alentador, ¿no? A ti, que tanto temes que la oleada de su jerga barra todas las sutilezas de nuestra lengua, eso debería tranquilizarte.

¡Ah!, quería decirte también que no tengas miedo de su jerga. La jerga del pobre de hoy es el argot del pobre de ayer, ¡ni más ni menos! Los pobres hablan en argot desde siempre. ¿Sabes por qué? Para hacer creer al rico que tienen algo que ocultarle. No tienen nada que ocultar, claro está, son demasiado pobres, sólo unos pequeños trapicheos por aquí y por allá, naderías, pero quieren hacer creer que ocultan todo un mundo, un universo que nos está prohibido, y tan vasto que sería necesaria toda una lengua para expresarlo. Pero no hay mundo, claro está, y no hay lengua. Sólo un pequeño léxico de connivencia para mantenerse calentito, para camuflar la desesperación. No es una lengua el argot, apenas es un vocabulario, porque su gramática, la de los pobres, es la nuestra, aunque reducida al mínimo, es cierto: sujeto, verbo, complemento, pero la nuestra, la tuya, tranquilízate, tu gramática francesa, nuestra gramática; los pobres necesitan nuestra gramática para comprenderse entre sí.

Queda el vocabulario, claro está, el de esos jóvenes del enésimo círculo, un vocabulario que tú consideras de una pobreza insigne (y visto desde tu altura seguro que es así), pero tranquilízate también a ese respecto, el léxico de los pobres es tan pobre que la mayoría de las palabras se las lleva muy pronto el viento de la historia, briznas, briznas, muy poco pensamiento para lastrarlas... Casi ninguna se posa en las páginas del diccionario: «pava», «pasma», «polla», por ejemplo, para esos jóvenes de hoy; es todo lo que he encontrado, he buscado por encima, todo hay que decirlo, menos de un cuarto de hora, pero sólo he encontrado «pava», «pasma», «polla» en el diccionario, eso es todo, ya ves, no es gran cosa, tres palabritas muy comunes que desaparecerán una vez vuelta la página de la época; los diccionarios sólo garantizan una pizca de eternidad...

Una última palabra para tranquilizarte plenamente: ve a correos, abre la puerta de tu ayuntamiento, toma el metro, entra en un museo o en una oficina de la Seguridad Social, y ya verás, ya verás, sentados detrás de la ventanilla te recibirán la madre, el padre, el hermano o la hermana mayores de esos jóvenes de lenguaje deplorable. 0 haz como yo, ponte enfermo, despierta en el hospital y reconocerás el acento del joven enfermero que empuje tu camilla hacia la sala de operaciones:

-¡Tranqui, tío, que estos pavos controlan!



De Mal de Escuela / Daniel Pennac. Editorial Mondadori. Barcelona 2008. (Los subrayados son míos)

Fuente de la imagen: Editorial Mondadori