miércoles, 25 de diciembre de 2019
La Gracia del Margen
Celebración del 75º cumpleaños de Germán García, en la puerta y el interior del la librería El Juguete Rabioso Libros, de Rosario
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Germán García
sábado, 21 de diciembre de 2019
Imposible de perder
Del libro Para Otra Cosa - Germán García, en el Aniversario 75 de su nacimiento.
Cita de Página 11. Primer párrafo.
La palabra “prisioneros” altera la descripción de la redacción, introduce de manera alusiva otra dimensión en la que Junior, el recién llegado, parece moverse con soltura: “A los dos meses era el hombre de confianza del director y estaba a cargo de las investigaciones especiales. Cuando se quisieron acordar, él solo controlaba todas las noticias de la máquina”. Incluso Junior se anticipa a los hechos que publica, por eso “pensaron que trabajaba para la policía”. Junior y su padre parecen repetir una historia con mujeres e hijas ausentes, que serán sustituidas por voces (objetos imposibles de perder, dice Freud, cuando habla de melancolía).Imposible de perder
El Germán que yo conocí hace muchos años era un señor lejano. Lo crucé algunas veces pero nunca hablamos. La primera, en su institución presentando a Jacques-Alain Miller, cuando todavía venía a la Argentina. Para entonces yo tenía una relación mundana con el psicoanálisis y Germán era un señor tan lejano como es lejano uno de si mismo antes de la aventura porfiada del análisis.
Sin que yo lo imaginara todavía, ese señor de las lejanías, hablaba en las voces de Ángel Fernández cuando —treinta y cuatro años después— me encontré un día con él en Rosario.
Pero fue en 2018, cuando algo torció el camino definitivamente. Para entonces había yo iniciado la carrera de Psicología en la UNR y asistía por tercer año al Curso Anual de Psicoanálisis. Germán, a través de Ángel, o con la voz de Ángel, —vaya uno a saber cómo se ensamblaron — me presentaron a Masotta. Oscar Masotta, era también un señor lejano para mí. Hasta que apareció Ana Longoni en Buenos Aires con la monumental exposición La teoría como Acción.
Recorrí aquella muestra con la fruición de un sediento en el desierto. Enterándome con sorpresa de otro que yo había sido. Que empezaba a despertar a la cultura del happening cuando Masotta transitaba sus últimos años en la Argentina. Leyendo aquel recorrido que proponía Longoni, supuse que Masotta no podría haber tenido otro destino que no fuera abrazar al psicoanálisis.
Y que aquella ola invisible y extraña, también podía estar arrastrándome a mí.
Este otro señor de la lejanía, se volvió próximo de repente. Le bastó una tarde para reconectar parte de esa vida que yo había extraviado. Hizo que aquello reapareciera en un paisaje con desapariciones que también cinceló mi vida. Y llegó de la mano de Ana, de Ángel, de Germán García.
Entonces, aquella ola trajo para mí un nuevo modo de estar en el Curso Anual, junto a toda esta banda de gente tan extraña y tan próxima a la vez. Y me acercó también a los parceros cordobeses: Yael Noris Ferri, César Mazza, Favio Lorenzin…
Germán García, ese Germán que yo digo como un señor lejano, puso a su voz un tañido de otras voces que yo pude escuchar y me trajeron hasta acá. Ese Germán que yo digo, esas voces que me abrazan, como dice que decía Freud: serán siempre, para mí, muy difíciles de perder.
diciembre 19/2019 © Daniel Krichman
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miércoles, 25 de septiembre de 2019
Tecnología: ¿Se puede aprender solo o hace falta un mediador?
Ángel Fernández, un psicoanalista preocupado por intercambiar saberes con otros campos disciplinares, cuenta su experiencia de recién llegado al mundo de las prácticas tecnológicas.
Publicado originalmente en consultora.netabras.com.ar
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martes, 23 de julio de 2019
Influencer
La figura del Influencer, en las redes sociales, es una de las que más dificultades presenta a la hora de intentar precisar su función. No se trata de un simple manipulador de influencias. Tampoco es alguien que vende ni promueve cosas. Necesita, primero, ser creíble en una materia o tema de su dominio. Y a partir de allí puede ser alguien influyente como prescriptor para eso, acerca de lo cual tiene un saber.
Las empresas se sirven de tal condición y se muestran dispuestas a pagar para que esa persona haga alguna cosa o se muestre condescendiente con lo que a ellos les interesa vender. Nunca se pide una recomendación directa. Lo esperable es que eso que se prescribe aparezca como formando parte del Ser o de los hábitos de quien lo dice o hace.
Que todo eso ocurra mediado por imágenes, agrega potencia a la intervención, posiblemente por la sobrevaloración que normalmente hacemos de aquello que se nos presenta con este formato. Las imágenes representan apelaciones a nuestros lazos primordiales con el mundo exterior. Percibimos imágenes mucho antes de tener disponibilizada la palabra. Después va a ser necesario que les pongamos palabras adentro, para que las podamos ver como imágenes, pero este es otro tema.
A menudo circulan en la Web — océano de contradicciones y malentendidos — comparaciones capciosas, siempre destituyentes, que critican lo digital desde la vereda de lo analógico, diciendo por ejemplo: Un influencer es una maestra que consigue, al final del año que veinte de los treinta chicos que tiene, se conviertan a la lectura. Error. Ese podría computarse como un logro del empeño docente, pero tiene poco que ver con la función de un influencer. Burdamente ejemplificado, sería equivalente a desmerecer el agua pensando que es hielo sin consistencia sólida.
El Influencer es un espécimen de la fauna virtual y no es convertible al código analógico, entre otras cosas, porque en el plano analógico, el cuerpo, funciona de otra manera.
Nos falta pensar desde dónde y cómo se sostiene su credibilidad. O dicho de otra manera ¿que fantasía/demanda colectiva satisface, para que muchos residentes virtuales sientan allí expresada su propia voz?
En Psicología de las Masas y análisis del Yo (1921), Freud explica que en la masa se produce un fenómeno de identificación con el líder por vía de la infección psíquica, en donde la identificación prescinde por completo de la relación de objeto con la persona copiada. Un querer o poder ponerse en la misma situación. Hay, dice, una importante comunidad afectiva y esa comunidad reside en el modo de la ligazón con el conductor. Es un modo de ligazón que prescinde de la relación de objeto. No lo ama libidinalmente, sino que quiere estar en ese lugar. Esa es la diferencia. Más adelante va a comparar la hipnosis con un fenómeno de masas de a dos.
Desde la perspectiva del deseo, el que se identifica a otro, desea el deseo del otro. Quiere lo que el otro dice que quiere.
Hasta aquí, tenemos pistas acerca de cómo se arma el sistema de relaciones y ligaduras conductor/conducido, influenciador/influenciado y sabemos además que ocurre como parte del propio funcionamiento de la subjetividad. Abunda decir que no es una consecuencia de la masificación de la digitalidad, ya que es anterior a la existencia de las redes sociales. En todo caso podría anotarse que las redes sociales operan sobre el funcionamiento efectivo de este lazo.
Queda por indagar respecto a la fertilidad o no del territorio de la virtualidad, para que proliferen los que hoy se llaman Influencers.
En la red se pone la voz y la palabra, a través de la escritura o de los registros fónicos, como en el plano analógico, pero el cuerpo se pone de otra manera. No es que no haya cuerpo en la virtualidad. Lo hay, pero lo que no hay son consecuencias sobre el cuerpo. Se habita el espacio virtual sabiendo que supone cierta garantía de impunidad al respecto. Que allí el cuerpo no paga. Aquello de lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero, no tiene posibilidades de ser actualizado en la Web.
Si cruzamos esto con la proliferación de la insignificancia (el nada importa, nada significa nada), modelo de subjetividad que inunda cada vez más los espacios virtuales; este vacío de consecuencias abre la posibilidad para el disparate liso y llano con la consiguiente naturalización de lo que se haga, que habrá de aparecer ante nosotros con la etiqueta producción de contenido.
Un abra, en el bosque, es un espacio sin vegetación, que permite ver el cielo. En las sierras es la apertura entre dos laderas, desde donde puede verse una pampa. Es la versión criolla del oasis. En los dos casos significa la posibilidad de tener frente a si algo distinto a lo que hay donde se está parado. En algún sentido, algo opuesto.
A veces me pregunto para quien escribimos en este sitio. O mejor expresado: ¿para quién escribe cada cual en este sitio? Sé que mi muro es un yotivenco enorme con un patio concurrido donde muchas veces mi posteo sirve sólo de base del intercambio entre muchxs, que a veces me excede y otras ni siquiera me necesita.
Creo que casi siempre puedo anticipar a quienes me dirijo.
Intuyo, conozco, me fijo.
Patricia Calo Lustres no tiene la etiqueta de Influencer, probablemente no le preocupe tenerla, pero técnicamente actúa en Facebook, como tal.
— Uso facebook desde el año 2009. No fue un descubrimiento, sino un registro creciente de que en mi muro había una dinámica singular de vinculación conmigo, y entre muchas personas que me leían a diario.
— No sé si podría decir con claridad la sucesión cronológica de hechos que permitan visibilizar el proceso. Al inicio compartía poesía, soy una voraz lectora de la misma, con el agregado de fotos muy particulares cuya búsqueda me llevaba mucho tiempo.
De a poco fueron apareciendo mis opiniones políticas, sobre feminismo luego, y más recientemente crónicas de la vida cotidiana y algunos textos que escribo. Creo que fue en este último tramo donde mi imagen se hizo más cercana y comenzó una forma de interacción más amigable.
— Actualmente un promedio de 2 horas diarias. Antes le dedicaba más, pero es tanto el movimiento en mi propio muro que me dedico con exclusividad casi absoluta a responder los comentarios que hay allí. Me resulta prácticamente imposible visitar muchos muros ajenos, excepto algunos que me interesan muy puntualmente.
Habitualmente dedico un rato más largo por las mañanas, antes de irme a trabajar, y por la noche otro rato, al volver a casa del trabajo. En medio de esos segmentos más largos, hago visitas fugaces.
Así como un Influencer mide —registrando estadísticas— las devoluciones que recibe, a los efectos de mantener el rumbo de su actividad, Patricia se pregunta por el decir de los otros a través de los comentarios, porque, — aunque declaradamente fuera del contexto clínico —, está ubicada en el lugar de ser causa de los comentarios que recibe.
La pregunta difícil de responder es ¿de qué sabe tanto como para que mucha gente, a diario, replique sus publicaciones o las comente?, o para decirlo en otros términos, que la gente sienta —identificación mediante— que en ese muro puede expresarse, puede decir lo que piensa. Puede ser alojada.
Está claro que no hay una respuesta unívoca para esta pregunta. En todo caso importa señalar algunas continuidades que operan en este espacio de identificaciones.
En este muro se puede hablar. Hay alguien que escucha, y a menudo responde con algo más que emoticones o monosílabos. En este muro hay otros que dicen cosas que yo diría o podría haber dicho.
¿En qué otro espacio es posible hablar y percibir que uno puede hacerlo sin ponerse en peligro? ¿No es esta una de las peculiaridades del espacio analítico? Sin que esto signifique establecer una comparación (odiosa), y recordando siempre que estamos fuera de la clínica, es indudable que el efecto confianza que ofrece el influencer en lo suyo, tiene una buena equivalencia aquí.
— Siempre me cuidé mucho de no estar en función analista en la red. Mucho. A veces me resulta inevitable apelar a algunos conocimientos que tengo del psicoanálisis, pero en la red intento, no sin algunos fallidos, que sea mi yo quien interactúe. Tal vez interprete algunas dinámicas de lo que allí ocurre desde mi campo de saber, pero me lo reservo. Intento que la analista no se cuele.
Finalmente ¿qué prescribe Patricia, que forma parte de su Ser imaginario?
— Yo encuentro un intercambio muy enriquecedor con mis contactos. Aprendí muchísimas cosas sobre montones de campos de saber que ni intuía que existían. Por ejemplo: En mi muro comentan personas que vienen del juego político, muchas feministas, artistas, científicos. Hasta hay un visitante asiduo que es experto en cálculo neutrónico: campo de saber cuya existencia ignoraba.
— Creo que por sobre todas las cosas: hallan a otros. Tengo una particular habilidad para conectar gente, y en mi muro casi siempre hay alguien escribiendo, aún de madrugada. Eso promueve ese intercambio singular entre ellos, se sienten leídos por alguien siempre. Es ese "siempre hay alguien" lo que mejor define mi muro en Facebook.
Nada que sea mercadeable. Nada que se pueda conseguir acá o allá. Y mucho que remita al fortalecimiento del lazo social puesto en función de restituir prácticas ciudadanas. Donde sea posible disentir sin sentir que se está en peligro.
— Es, y ha sido siempre, un tema difícil. Ahora es un poco más claro: saben de mí y no hace falta que diga explícitamente donde están las vallas. Se autorregulan entre todos. Los límites siempre han sido parecidos: no tolero agresiones hacia mí ni hacia otro contacto. No admito comentarios misóginos, fascistas, nazis o que ataquen al colectivo LGTB. Tampoco tolero ataques personales relacionados al aspecto de nadie.
— Si, incluí en mi vida a mucha gente que conocí a través de la red. A mucha. A otros que conocí personalmente no forman parte de mi vida real, pero siempre fueron gratísimas experiencias. Eso en lo personal.
También participé mucho de actividades, eventos, etc. de algunos contactos. De hecho ahora estoy armando un taller presencial con temática feminista, con mujeres que son contactos.
Las redes sociales, pueden ser espacios asfixiantes si uno se sube a ellas sin una brújula en la mano y algunas cosas claras respecto a lo que quiere, lo que merece y lo que espera de la relación con los otros. Como en muchos aspectos de la Vida, hay ahí un espacio para configurar, cosa que no siempre resulta fácil de hacer. Pero es tarea de cada quien acometerlo. Es necesario enredarse.
Las empresas se sirven de tal condición y se muestran dispuestas a pagar para que esa persona haga alguna cosa o se muestre condescendiente con lo que a ellos les interesa vender. Nunca se pide una recomendación directa. Lo esperable es que eso que se prescribe aparezca como formando parte del Ser o de los hábitos de quien lo dice o hace.
Que todo eso ocurra mediado por imágenes, agrega potencia a la intervención, posiblemente por la sobrevaloración que normalmente hacemos de aquello que se nos presenta con este formato. Las imágenes representan apelaciones a nuestros lazos primordiales con el mundo exterior. Percibimos imágenes mucho antes de tener disponibilizada la palabra. Después va a ser necesario que les pongamos palabras adentro, para que las podamos ver como imágenes, pero este es otro tema.
A menudo circulan en la Web — océano de contradicciones y malentendidos — comparaciones capciosas, siempre destituyentes, que critican lo digital desde la vereda de lo analógico, diciendo por ejemplo: Un influencer es una maestra que consigue, al final del año que veinte de los treinta chicos que tiene, se conviertan a la lectura. Error. Ese podría computarse como un logro del empeño docente, pero tiene poco que ver con la función de un influencer. Burdamente ejemplificado, sería equivalente a desmerecer el agua pensando que es hielo sin consistencia sólida.
El Influencer es un espécimen de la fauna virtual y no es convertible al código analógico, entre otras cosas, porque en el plano analógico, el cuerpo, funciona de otra manera.
Nos falta pensar desde dónde y cómo se sostiene su credibilidad. O dicho de otra manera ¿que fantasía/demanda colectiva satisface, para que muchos residentes virtuales sientan allí expresada su propia voz?
En Psicología de las Masas y análisis del Yo (1921), Freud explica que en la masa se produce un fenómeno de identificación con el líder por vía de la infección psíquica, en donde la identificación prescinde por completo de la relación de objeto con la persona copiada. Un querer o poder ponerse en la misma situación. Hay, dice, una importante comunidad afectiva y esa comunidad reside en el modo de la ligazón con el conductor. Es un modo de ligazón que prescinde de la relación de objeto. No lo ama libidinalmente, sino que quiere estar en ese lugar. Esa es la diferencia. Más adelante va a comparar la hipnosis con un fenómeno de masas de a dos.
Desde la perspectiva del deseo, el que se identifica a otro, desea el deseo del otro. Quiere lo que el otro dice que quiere.
Hasta aquí, tenemos pistas acerca de cómo se arma el sistema de relaciones y ligaduras conductor/conducido, influenciador/influenciado y sabemos además que ocurre como parte del propio funcionamiento de la subjetividad. Abunda decir que no es una consecuencia de la masificación de la digitalidad, ya que es anterior a la existencia de las redes sociales. En todo caso podría anotarse que las redes sociales operan sobre el funcionamiento efectivo de este lazo.
Queda por indagar respecto a la fertilidad o no del territorio de la virtualidad, para que proliferen los que hoy se llaman Influencers.
En la red se pone la voz y la palabra, a través de la escritura o de los registros fónicos, como en el plano analógico, pero el cuerpo se pone de otra manera. No es que no haya cuerpo en la virtualidad. Lo hay, pero lo que no hay son consecuencias sobre el cuerpo. Se habita el espacio virtual sabiendo que supone cierta garantía de impunidad al respecto. Que allí el cuerpo no paga. Aquello de lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero, no tiene posibilidades de ser actualizado en la Web.
Si cruzamos esto con la proliferación de la insignificancia (el nada importa, nada significa nada), modelo de subjetividad que inunda cada vez más los espacios virtuales; este vacío de consecuencias abre la posibilidad para el disparate liso y llano con la consiguiente naturalización de lo que se haga, que habrá de aparecer ante nosotros con la etiqueta producción de contenido.
Su nombre en Instagram es Belle Delphine, es británica y tiene 19 años. Una reconocida Influencer de Instagram. Pertenece a la franja de los productores de contenidos que trajinan las redes sociales. En su caso tiene más de 4 millones de seguidores. Sus creaciones incluyen, por ejemplo, vender el agua en la que se baña. Por supuesto, ella aclaró que se trataba de «agua no potable, sino para fines sentimentales».Producción de contenidos es una expresión vaga, sobre todo en relación a lo que cada uno pueda ver en los medios. Más allá de las discrepancias que se encuentren, está claro que no es posible producir contenidos al margen de una ideología y por lo tanto de unos anclajes morales. Se está en alguna vereda, no parado sobre la nada, aun cuando no se declare esa ideología o se la disimule.
Un abra Patricia
En medio de esa idiocia social extendida, que pareciera socavar y contaminar todo, en las redes sociales hay burbujas de oxígeno que conviene tener ubicadas.Un abra, en el bosque, es un espacio sin vegetación, que permite ver el cielo. En las sierras es la apertura entre dos laderas, desde donde puede verse una pampa. Es la versión criolla del oasis. En los dos casos significa la posibilidad de tener frente a si algo distinto a lo que hay donde se está parado. En algún sentido, algo opuesto.
A veces me pregunto para quien escribimos en este sitio. O mejor expresado: ¿para quién escribe cada cual en este sitio? Sé que mi muro es un yotivenco enorme con un patio concurrido donde muchas veces mi posteo sirve sólo de base del intercambio entre muchxs, que a veces me excede y otras ni siquiera me necesita.
Creo que casi siempre puedo anticipar a quienes me dirijo.
Intuyo, conozco, me fijo.
Patricia Calo Lustres no tiene la etiqueta de Influencer, probablemente no le preocupe tenerla, pero técnicamente actúa en Facebook, como tal.
— Uso facebook desde el año 2009. No fue un descubrimiento, sino un registro creciente de que en mi muro había una dinámica singular de vinculación conmigo, y entre muchas personas que me leían a diario.
— No sé si podría decir con claridad la sucesión cronológica de hechos que permitan visibilizar el proceso. Al inicio compartía poesía, soy una voraz lectora de la misma, con el agregado de fotos muy particulares cuya búsqueda me llevaba mucho tiempo.
De a poco fueron apareciendo mis opiniones políticas, sobre feminismo luego, y más recientemente crónicas de la vida cotidiana y algunos textos que escribo. Creo que fue en este último tramo donde mi imagen se hizo más cercana y comenzó una forma de interacción más amigable.
— Actualmente un promedio de 2 horas diarias. Antes le dedicaba más, pero es tanto el movimiento en mi propio muro que me dedico con exclusividad casi absoluta a responder los comentarios que hay allí. Me resulta prácticamente imposible visitar muchos muros ajenos, excepto algunos que me interesan muy puntualmente.
Habitualmente dedico un rato más largo por las mañanas, antes de irme a trabajar, y por la noche otro rato, al volver a casa del trabajo. En medio de esos segmentos más largos, hago visitas fugaces.
Así como un Influencer mide —registrando estadísticas— las devoluciones que recibe, a los efectos de mantener el rumbo de su actividad, Patricia se pregunta por el decir de los otros a través de los comentarios, porque, — aunque declaradamente fuera del contexto clínico —, está ubicada en el lugar de ser causa de los comentarios que recibe.
No estoy hablando de los contenidos esta vez, hablo del auditorio. Me causa mucha intriga cuando leo textos tan puntuales, personales o de información de la que sea, y me pregunto: "¿a quién se dirige? ¿qué piensa quien escribe tal o cual cosa que va a causar y en quienes?"
Siempre hay un resto enigmàtico acerca de lo que puede causar un posteo, un efecto imposible de calcular de antemano. Aún así suelo preguntarme muchas veces por este sitio: "¿a quién le habla?"
Me resulta inquietante imaginar hasta quienes puede llegar lo que escribo, y me pregunto si sólo me pasa a mí cuando leo cosas tremendamente íntimas, eso de andar pensando a quien creen que le escriben. O cuando leo información muy puntual también.
¿Pensaron a quiénes se dirigen o ni lo piensan?
No sé, es un nudo que tengo en el marulo.
La pregunta difícil de responder es ¿de qué sabe tanto como para que mucha gente, a diario, replique sus publicaciones o las comente?, o para decirlo en otros términos, que la gente sienta —identificación mediante— que en ese muro puede expresarse, puede decir lo que piensa. Puede ser alojada.
Está claro que no hay una respuesta unívoca para esta pregunta. En todo caso importa señalar algunas continuidades que operan en este espacio de identificaciones.
En este muro se puede hablar. Hay alguien que escucha, y a menudo responde con algo más que emoticones o monosílabos. En este muro hay otros que dicen cosas que yo diría o podría haber dicho.
¿En qué otro espacio es posible hablar y percibir que uno puede hacerlo sin ponerse en peligro? ¿No es esta una de las peculiaridades del espacio analítico? Sin que esto signifique establecer una comparación (odiosa), y recordando siempre que estamos fuera de la clínica, es indudable que el efecto confianza que ofrece el influencer en lo suyo, tiene una buena equivalencia aquí.
— Siempre me cuidé mucho de no estar en función analista en la red. Mucho. A veces me resulta inevitable apelar a algunos conocimientos que tengo del psicoanálisis, pero en la red intento, no sin algunos fallidos, que sea mi yo quien interactúe. Tal vez interprete algunas dinámicas de lo que allí ocurre desde mi campo de saber, pero me lo reservo. Intento que la analista no se cuele.
Finalmente ¿qué prescribe Patricia, que forma parte de su Ser imaginario?
— Yo encuentro un intercambio muy enriquecedor con mis contactos. Aprendí muchísimas cosas sobre montones de campos de saber que ni intuía que existían. Por ejemplo: En mi muro comentan personas que vienen del juego político, muchas feministas, artistas, científicos. Hasta hay un visitante asiduo que es experto en cálculo neutrónico: campo de saber cuya existencia ignoraba.
— Creo que por sobre todas las cosas: hallan a otros. Tengo una particular habilidad para conectar gente, y en mi muro casi siempre hay alguien escribiendo, aún de madrugada. Eso promueve ese intercambio singular entre ellos, se sienten leídos por alguien siempre. Es ese "siempre hay alguien" lo que mejor define mi muro en Facebook.
Nada que sea mercadeable. Nada que se pueda conseguir acá o allá. Y mucho que remita al fortalecimiento del lazo social puesto en función de restituir prácticas ciudadanas. Donde sea posible disentir sin sentir que se está en peligro.
— Es, y ha sido siempre, un tema difícil. Ahora es un poco más claro: saben de mí y no hace falta que diga explícitamente donde están las vallas. Se autorregulan entre todos. Los límites siempre han sido parecidos: no tolero agresiones hacia mí ni hacia otro contacto. No admito comentarios misóginos, fascistas, nazis o que ataquen al colectivo LGTB. Tampoco tolero ataques personales relacionados al aspecto de nadie.
— Si, incluí en mi vida a mucha gente que conocí a través de la red. A mucha. A otros que conocí personalmente no forman parte de mi vida real, pero siempre fueron gratísimas experiencias. Eso en lo personal.
También participé mucho de actividades, eventos, etc. de algunos contactos. De hecho ahora estoy armando un taller presencial con temática feminista, con mujeres que son contactos.
Las redes sociales, pueden ser espacios asfixiantes si uno se sube a ellas sin una brújula en la mano y algunas cosas claras respecto a lo que quiere, lo que merece y lo que espera de la relación con los otros. Como en muchos aspectos de la Vida, hay ahí un espacio para configurar, cosa que no siempre resulta fácil de hacer. Pero es tarea de cada quien acometerlo. Es necesario enredarse.
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actitud,
cultura de uso,
identificación
viernes, 5 de julio de 2019
Frontalidad en el modelo de aprendizaje
Se refiere a pensar la Web 2.0 como un modelo de facilitación del aprendizaje.
Más información: vínculo a la entrada original
martes, 25 de junio de 2019
Distancias - Nueva etapa
Hace doce años, el texto lateral que presentaba este espacio decía:
Doce años en el Siglo XXI es mucho tiempo como para suponer que se ha tratado solamente de una pausa. A partir de esta nueva época espero poder mirar esas y otras distancias, con las herramientas del psicoanálisis. Y lo más importante, espero que podamos conversar y encontrarnos en este espacio, tanto como sea posible.
Distancias
Mientras la tecnología, con la Web 2.0 a la cabeza discurre acerca de la integración de lenguajes, componentes y herramientas, la educación real, empujada por los valores que sostiene el capitalismo real, se debate en su caída (irremediable, al menos en el formato que le conocemos) en términos de distancias. Distancia respecto al mundo y las problemáticas que describen los textos con que se educa y que poco y nada tienen que ver con el que viven los actores (docentes y educandos). Distancia lingüística y cultural que proviene de la diferencia entre prácticas y consumos a los que la mayor parte de los actores (docentes y educandos) no acceden. Distancias tecnológicas, que no se derivan tanto de la incapacidad de consumo como de los condicionamientos que generan las anteriores privaciones. Por aquí van mis preocupaciones.Doce años en el Siglo XXI es mucho tiempo como para suponer que se ha tratado solamente de una pausa. A partir de esta nueva época espero poder mirar esas y otras distancias, con las herramientas del psicoanálisis. Y lo más importante, espero que podamos conversar y encontrarnos en este espacio, tanto como sea posible.
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